jueves, 2 de julio de 2009

¿Qué papel juegan los medios de comunicación en el contexto político actual?




La información política en la actualidad no puede verse al margen de la transición política nacional ni fuera del contexto internacional que esta caracterizado, entre otras muchas situaciones, por un nuevo orden geopolítico internacional (resultado del fin de la guerra fría), el impulso de un modelo mundial con nuevos perfiles liberales, la necesidad de la articulación económica entre países y por una tendencia hacia la denominada globalización, en donde nuevas tecnologías tienen una función determinante e impactan en las comunicaciones.


El tema de la reforma del Estado es parte integral del debate que se desarrolla en torno a la modernización del país. Este hecho confiere al debate un contenido distinto tanto por sus implicaciones como por las consecuencias políticas que de él emanan.
La crisis de la década de los ochenta hizo posible el surgimiento de una reconstitución de orden interno. Distintas medidas de índole económica explican un reordenamiento que se expresa en las políticas de ajuste, liberalización, apertura comercial, privatización, desregulación y descentralización.


En el espacio político, el desafío de la modernización tiene una complejidad distinta, ya que la reforma del Estado no sólo se traduce en un proceso de readecuación de las distintas instancias del sector público, sino que significa también la emergencia de un período tránsito hacia un nuevo significado de la democracia. Esto quiere decir que nuestro sistema no puede continuar como antes sino que se ve obligado a entrar en fases de renovación total y profunda, las que, de hecho, irán marcando el rumbo por el cual deberá transitar el sistema.


La representatividad, el interés de clase o sectorial, la voluntad colectiva y las alianzas políticas asisten a un proceso de redefinición en un escenario en que el Estado y todas sus fuerzas institucionales (gobierno, partidos, organizaciones empresariales, obreras, campesinas y ciudadanas) asumen formas distintas al relacionarse con la sociedad.
No hay duda de que el efecto más visible de esta transición se esta reflejando en una renovada, dinámica y vigorosa relación entre el Estado y los diversos actores e instituciones políticas que lo conforman, y entre éstos y la sociedad en su conjunto.


El país asiste a un momento político que se caracteriza por la transformación y el cambio constante. La evolución que este hecho representa ha traído como consecuencia una mayor participación de la sociedad en los asuntos políticos, una ampliación de los cauces de expresión social y, por supuesto, el fortalecimiento del pluripartidismo.
En el nuevo escenario nacional, la comunicación social se ve obligada a reencauzar todas sus actividades y a hacerlas parte prioritaria de la acción política. Ya no es posible entender la política al margen de la comunicación ni la comunicación alejada de la política. Una y otra no solo se confunden sino que se funden en forma tal que se parece imposible considerarlas separadas.


Todos y cada uno de los rasgos de esta transición están afectando nuestra forma de entender los medios de comunicación y los procedimientos que resultan efectivos cuando son utilizados como intermediarios entre la clase política y la sociedad. El impacto se percibe en todos los ámbitos: económico, político y social. En cada uno de ellos, la comunicación social se ha visto afectada por cambios de diversa índole. Para incrementar nuestra capacidad de comprensión y análisis sobre estos fenómenos es necesario reflexionar sobre los puntos más relevantes.


De las múltiples consecuencias que los cambios en la economía han generado en la comunicación política, basta señalar algunas de las más significativas:
a) La libre competencia entre una mayor cantidad de opciones en prensa, radio y televisión, hecho que amplía la gama de ofertas para encontrar en ellas nuestras necesidades de entrenamiento, cultura e información.


b) La desaparición de las fronteras comunicacionales, lo que ha hecho posible tener en medios nacionales y en forma directa mensajes diversos producidos desde otros lugares del mundo. Esto, no cabe duda, ha generado nuevos dilemas políticos, pero también ha ampliado nuestros horizontes y la forma en que entendemos el entorno. Somos parte ya de lo se denominado, con gran acierto, la aldea global.

c) La posibilidad que tienen los medios de comunicación nacionales (hecha realidad ya por varios de ellos) de contar, aunque sea en forma minoritaria, con capital extranjero para la operación de sus actividades; el soporte económico de estos, que va acompañado, en muchos casos, de capacitación y producción no necesariamente relacionadas con nuestra idiosincrasia, todo ello con un significado político evidente.


d) Las múltiples facilidades que la apertura comercial ha permitido para que los consorcios y medios de comunicación nacionales puedan hacer alianzas con grupos y medios de otros países, lo que les otorga un carácter estratégico y de mayor competitividad internacional tanto en el nivel económico como político.


En el campo de la política, las transformaciones son múltiples y de impactos irreversibles que habrán de marcar con honda huella las tendencias del próximo siglo. Destacan las siguientes:


a) Es evidente que toda transición política exige al Estado un nuevo protagonismo. El cambio hace imprescindible una adecuación en los símbolos, el discurso y las formas de comunicación entre el político y el ciudadano. En otras palabras, el Estado se ve obligado a mostrar un nuevo rostro, acorde con el nuevo escenario.


b) El proceso de mayor democratización ofrece la posibilidad de una competencia más amplia entre los partidos políticos. Todos enfrentan ya la necesidad de establecer nuevos mecanismos de comunicación más agresivos, eficientes y convincentes para conquistar la confianza, la simpatía y el voto del ciudadano. La comunicación de los partidos con la sociedad a través de los medios de comunicación masiva se convierte, entonces, en una de las principales herramientas de su trabajo político.


c) El gobierno y las autoridades electorales, actores centrales del proceso político de transición, mantienen su obligación de permanecer imparciales y objetivos, así como de ofrecer información suficiente, clara y transparente de todo lo que está ocurriendo dentro del proceso de reforma del Estado.


La sociedad en general y el ciudadano en particular tienen el derecho de estar bien informados y de que la autoridad refuerce todos los elementos que sean necesarios para poder ejercer, en forma responsable, su libertad de expresión.
La sociedad no puede permanecer ajena a los cambios. Los efectos de las transformaciones que se viven en el país han tenido diversas repercusiones. La prolongada crisis económica y los conflictos políticos que se han vivido durante los últimos años (toda transición tiene sus costos) muestran evidente evolución en el comportamiento político del ciudadano.


Primero, porque en el escenario político-comunicacional asume un papel más activo. La abundante oferta de espacios noticiosos es clara muestra de que la información política adquiere un alto valor simbólico, sin precedentes en la historia reciente del país.


Segundo, porque están cambiando las formas de organización de varios grupos sociales, muchos de los cuales ya no buscan adherirse ni comprometerse con las organizaciones, ya sea porque desconfían de la autoridad, los partidos, los liderazgos de toda índole (sindicales, campesinos, populares) y los representantes vecinales, o porque no se sienten identificados con los intereses de clase o de sector que fueron funcionales al sistema en el pasado.

Por eso, la forma de relacionarse de los individuos se ajusta a nuevas reglas y procedimientos, en donde el ciudadano adquiere funciones más activas e influyentes, muchas veces al margen de las organizaciones tradicionales.


Tercero, porque el vertiginoso y acelerado proceso de cambio está sentando las bases para la conformación de una nueva cultura política, en donde símbolos y valores viven un importante proceso de transformación, que orienta no sólo las nuevas tendencias que afectan la vida cotidiana de todos y el modo en que nos interrelacionamos, comunicamos y convivimos, sino también nuestra percepción de la actividad política nacional, regional, estatal y local, lo que incluye una gama de instituciones, medios de comunicación y actores políticos.

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