martes, 21 de julio de 2009

Honduras, el pueblo no se rinde por el Golpe de Estado

Bloqueadas varias carreteras. “Zelaya vuelve, y al usurpador
Roberto Micheletti no le queda otro camino que el basural de la historia”, declaró Chávez

Mientras se mantiene un paro general, las organizaciones del Frente Nacional contra el Golpe de Estado de Honduras bloquearon este jueves carreteras claves del país para demandar el retorno del orden constitucional roto por la asonada en junio pasado. Muchos se concentraron en la carretera que comunica la capital con el norte y la costa del Caribe de la nación. Del otro lado de las fronteras con Guatemala, El Salvador y Nicaragua, miembros de la Alianza Social Continental anunciaron que bloquearán las rutas hacia este país en solidaridad con el pueblo hondureño.

Al mismo tiempo, miles de manifestantes en varios puntos de la nación exigieron también la salida del gobierno de facto y el retorno incondicional del presidente electo por el pueblo, Manuel Zelaya, señala PL.

El dirigente de los movimientos sociales hondureños, Luther Castillo, aseveró que la resistencia del pueblo "cada vez es más fuerte".
Respecto a la propuesta que realizó el presidente de facto de Honduras y promotor del golpe de Estado del pasado 28 de junio, Roberto Micheletti, de una posible renuncia pero con la condición de que Manuel Zelaya no regrese a la presidencia, el dirigente sindical precisó que "la posición de los movimientos sociales es que nosotros no negociamos el retorno de Zelaya".

También el diputado y candidato a la presidencia de Honduras por el partido de izquierda Unificación Democrática (UD), César Ham, regresó al país para incorporarse a la lucha contra el régimen golpista, informó la cadena multinacional Telesur.

Entretanto, hombres encapuchados allanaron la casa de Julio César Dubón Villeda, hermano de la ex magistrada de la Corte Suprema de Justicia, Sonia Marlina Dubón, esposa del ministro de la Presidencia de Zelaya, Enrique Flores Lanza. Durante el suceso los desconocidos penetraron en la residencia y maniataron y golpearon a sus víctimas, también se llevaron varios objetos del inmueble y el auto de Dubón Villeda.
La agresión ocurrió esta madrugada durante la vigencia del toque de queda, renovado el miércoles por el gobierno de facto alegando planes de grupos para generar violencia.

CHÁVEZ: ZELAYA VUELVE CON SU PUEBLO

"'Zelaya vuelve, y al usurpador Roberto Micheletti no le queda otro camino que el basural de la historia", declaró Chávez a la prensa a la entrada de una recepción ofrecida por el jefe de Estado boliviano, Evo Morales, en medio de las conmemoraciones del Bicentenario de la gesta liberadora.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, afirmó este jueves que su homólogo hondureño, Manuel Zelaya, volverá a su país para retomar el poder junto a su pueblo y rescatar el orden constitucional en esa nación, tras el golpe de Estado del 28 de junio.

El jefe de Estado subrayó que América Latina "ya comenzó a cambiar y que no hay vuelta atrás. Se acabó la era de los gorilas, ¡es la hora de los pueblos!", exclamó.
Igualmente, la canciller de Honduras, Patricia Rodas, demandó a EE.UU. en La Paz, Bolivia, medidas contundentes y definitivas para frenar el golpe perpetrado contra su país y el presidente constitucional Manuel Zelaya.

Rodas también denunció el saqueo de las arcas de su país por los golpistas criminales encabezados por Micheletti y anunció, de acuerdo a la AP, que Zelaya pretende instalar una sede alternativa de gobierno para poder, desde ahí, "dirigir lo que yo llamaría la batalla final contra los golpistas".

Lo que debe demandarse a Estados Unidos por el Golpe de Estado


La reunión de Costa Rica no conducía ni podía conducir a la paz. El pueblo de Honduras no está en guerra, solo los golpistas usan las armas contra él. A ellos habría que demandarles el cese de su guerra contra el pueblo. Tal reunión entre Zelaya y los golpistas solo serviría para desmoralizar al Presidente Constitucional y desgastar las energías del pueblo hondureño.

La opinión pública mundial conoce lo ocurrido en ese país a través de las imágenes difundidas por la televisión internacional, fundamentalmente Telesur, que sin perder un segundo transmitió fielmente cada uno de los hechos ocurridos en Honduras, los discursos pronunciados y los acuerdos unánimes de los organismos internacionales contra el golpe.

El mundo pudo apreciar los golpes que se descargaban sobre hombres y mujeres, los miles de gases lacrimógenos lanzados contra la multitud, los groseros gestos con armas de guerra y disparos para intimidar, herir o asesinar a ciudadanos.

Es absolutamente falsa la idea de que el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens, ignorara o desalentara el golpe. Lo conocía, al igual que los asesores militares norteamericanos, que no cesaron un minuto de entrenar a las tropas hondureñas.
Hoy se conoce que la idea de promover una gestión de paz a partir de Costa Rica surgió en las oficinas del Departamento de Estado, para contribuir a la consolidación del golpe militar.

El golpe fue concebido y organizado por personajes inescrupulosos de la extrema derecha, que eran funcionarios de confianza de George W. Bush y habían sido promovidos por él.
Todos, sin excepción, tienen un grueso expediente de actividades contra Cuba. Hugo Llorens, embajador en Honduras desde mediados del 2008, es cubano americano.

Forma parte del grupo de agresivos embajadores de Estados Unidos en Centroamérica, constituido por Robert Blau, embajador en El Salvador; Stephen McFarland, en Guatemala, y Robert Callahan, en Nicaragua, nombrados todos por Bush en los meses de julio y agosto del 2008.

Los cuatro siguen la línea de Otto Reich y John Negroponte, que junto a Oliver North fueron responsables de la guerra sucia contra Nicaragua y de los escuadrones de la muerte en Centroamérica, que costaron a los pueblos de la región decenas de miles de vidas.
Negroponte fue representante de Bush en las Naciones Unidas, Zar de la inteligencia norteamericana, y finalmente subsecretario de Estado. Tanto él como Otto Reich, por diversas vías, estuvieron detrás del golpe de Honduras.
La base de Soto Cano en ese país, sede de la "Fuerza de Tarea Conjunta Bravo" perteneciente a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, es el punto de apoyo principal del golpe de Estado en Honduras.

Estados Unidos tiene el tenebroso plan de crear cinco bases militares más alrededor de Venezuela, con el pretexto de sustituir la de Manta en Ecuador.
La disparatada aventura del golpe de Estado en Honduras ha creado una situación realmente complicada en Centroamérica que no se resuelve con trampas, engaños y mentiras.

Cada día se conocen nuevos detalles de la implicación de Estados Unidos en esa acción, que tendrá también seria repercusión en toda América Latina.
La idea de una iniciativa de paz a partir de Costa Rica fue transmitida al Presidente de ese país desde el Departamento de Estado cuando Obama estaba en Moscú y declaraba, en una universidad rusa, que el único Presidente de Honduras era Manuel Zelaya.

Los golpistas estaban en apuros. La iniciativa transmitida a Costa Rica buscaba el objetivo de salvarlos. Es obvio que cada día de retraso tiene un costo para el Presidente Constitucional y tiende a diluir el extraordinario apoyo internacional que ha recibido. La maniobra yanki no incrementa las posibilidades de paz, sino todo lo contrario, las disminuye, y el peligro de violencia crece, ya que los pueblos de nuestra América no se resignarán jamás al destino que les tienen programado.

Con la reunión de Costa Rica se cuestiona la autoridad de la ONU, la OEA y demás instituciones que comprometieron su apoyo al pueblo de Honduras.
Cuando Micheletti, Presidente de facto, proclamó ayer que está dispuesto a renunciar a su cargo si Zelaya renunciaba, sabía ya que el Departamento de Estado y los militares golpistas habían acordado sustituirlo y enviarlo de nuevo al Congreso como parte de la maniobra.

Lo único correcto en este momento es demandar del gobierno de Estados Unidos que cese su intervención, deje de prestar apoyo militar a los golpistas y retire de Honduras su Fuerza de Tarea.
Lo que se pretende exigir al pueblo de Honduras en nombre de la paz, es la negación de todos los principios por los cuales lucharon todas las naciones de este hemisferio.
"El respeto al derecho ajeno es la paz", dijo Juárez.

lunes, 6 de julio de 2009

Herramientas que utilizan los políticos para oprimir (Manipulación II-parte)

La manipulación es también un instrumento de conquista. A través de la manipulación, la s élites dominadoras intentan conformar progresivamente las masas a sus objetivos.


Y cuanto más inmaduras sean, políticamente, rurales o urbanas, tanto más fácilmente se dejan manipular por las élites dominadoras que no pueden desear el fin de su poder y de su dominación.


La manipulación se hace a través de toda la serie de mitos a que hicimos referencia. Entre ellos, uno más de especial importancia: el modelo que la burguesía hace de sí misma y presenta a las masas como su posibilidad de ascenso, instaurando la convicción de una supuesta movilidad social.


Movilidad que solo se hace posible en la medida en que las masas acepten los preceptos impuestos por la burguesía.


Muchas veces esta manipulación, en ciertas condiciones históricas especiales, se da por medio de pactos entre las clases dominantes y las masas dominadas. Pactos que podrían dar la impresión en una apreciación ingenua, la de la existencia del diálogo entre ellas. En verdad, estos pactos no son dialógicos, ya que, en lo profundo de su objetivo, está inscrito el interés inequívoco de la élite dominadora.


Los pactos, en última instancia, son sólo medios utilizados por los dominadores para la realización de sus finalidades.


El apoyo de las masas populares a la llamada “burguesía nacional”, para la defensa del dudoso capital nacional, es uno de los pactos cuyos resultado, tarde o temprano contribuye al aplastamiento de las masas.


Los pactos sólo se dan cuando las masas, aunque ingenuamente, emergen en el proceso histórico y con su emersión amenazan a las élites dominantes. Basta su presencia en el proceso, no ya como meros espectadores, sino con las primeras señales de su agresividad, para que las élites dominadoras, atemorizadas por esta presencia molesta, dupliquen las tácticas de manipulación.


La manipulación se impone en estas fases como instrumento fundamental para el mantenimiento de la dominación.


Antes de la emersión de las masas, no existe la manipulación propiamente tal, sino el aplastamiento total de los dominados. La manipulación es innecesaria al encontrarse los dominados en un estado de inmersión casi absoluto.


Ésta, en el momento de la emersión y en el contexto de la teoría antidialógica, es la respuesta que el opresor se ve obligado a dar frente a las nuevas condiciones concretas del proceso histórico.


La manipulación aparece como una necesidad imperiosa de las élites dominadoras con el objetivo de conseguir a través de ella un tipo inauténtico de “organización”, con la cual llegue a evitar su contrario, que es la verdadera organización de las masas populares emersas y en emersión.


Éstas, inquietas al emerger, presentan dos posibilidades: o son manipuladas por las élites a fin de mantener su dominación, o se organizan verdaderamente para lograr su liberación. Es obvia, entonces, que la verdadera organización no puede ser estimulada por los dominadores. Ésta es tarea del liderazgo revolucionario.


Ocurre, sin embargo, que grandes fracciones de estas masas populares, fracciones que constituyen, ahora, un proletariado urbano, sobre todo en aquellos centros industrializados del país, aunque revelando cierta inquietud amenazadora carente de conciencia revolucionaria, se ven a sí mismas como privilegiadas.


La manipulación, con toda su serie de engaños y promesas, encuentran ahí, casi siempre, un terreno fecundo.
El antídoto para esta manipulación se encuentra en la organización críticamente consciente, cuyo punto de partida, por esta misma razón, no es el mero depósito de contenidos revolucionarios, en las masas, sino la problematización de su posición en el proceso.


En la problematización de la realidad nacional y de la propia manipulación.
Toda política de izquierda se apoya en las masas populares y depende de su conciencia. Si viene a confundirla, perderá sus raíces, quedará en el aire en la expectativa de la caída inevitable, aun cuando pueda tener, como en el caso hondureño, la ilusión de hacer revolución por el simple hecho de girar en torno al poder.


Lo que pasa es que, en el proceso de manipulación, casi siempre la izquierda se siente atraída por “girar en torno al poder” y, olvidando su encuentro con las masas para el esfuerzo de organización, se pierde un “dialogo” imposible con las élites dominantes. De ahí que también terminen manipuladas por estas élites, cayendo, frecuentemente, en un mero juego de capillas, que denominan “realista”.


La manipulación, en la teoría de la acción antidialógica, como la conquista a que sirve, tiene que anestesiar a las masas con el objeto de que estas no piensen.
Si las masas asocian a su emersión, o a su presencia en el proceso histórico, un pensar crítico sobre éste o sobre su realidad, su amenaza se concreta en la revolución.
Este pensamiento, llámaselo correcto, de “conciencia revolucionaria” o de “conciencia de clase”, es indispensable para la revolución.


Las élites dominadoras saben esto tan perfectamente que, en ciertos niveles suyos, utilizan instintivamente los medios más variados, incluyendo la violencia física, para prohibir a las masas a pensar.


Poseen una profunda intuición sobre la fuerza criticizante del diálogo. En tanto que, para algunos representantes del liderazgo revolucionario, el diálogo con las masas es un quehacer burgués y reaccionario, para los burgueses, el diálogo entre las masas y el liderazgo revolucionario es una amenaza real que debe ser evitada.


Insistiendo las élites dominadoras en la manipulación, inculcan progresivamente en los individuos el apetito burgués por el éxito personal.
Manipulación que se hace ora directamente por las élites, ora a través de liderazgos populistas.


Estos liderazgos, son mediadores de las relaciones entre las élites oligárquicas y las masas populares. De ahí que bel populismo se constituya como estilo de acción política, en el momento en que se instala el proceso de emersión de las masas, a partir del cual ellas pasan a reivindicar, todavía en forma ingenua, su participación; el líder populista, que emerge en este proceso, es también un se ambiguo.


Dado que oscila entre las masas y las oligarquías dominantes, aparece como un anfibio. Vive tanto en la “tierra” como en el “agua”. Su permanencia entre las oligarquías dominadoras y las masas le deja huellas ineludibles. Como tal, en la medida en que simplemente manipula en vez de luchar por la verdadera organización popular, este tipo de líder sirve poco o casi nada a la causa revolucionaria.


Sólo cuando el líder populista supera su carácter ambiguo y la naturaleza dual de la acción, optando decididamente por las masas, deja de ser populista y renuncia a la manipulación entregándose al trabajo revolucionario de organización. En este momento, en lugar de mediador entre las masas y las élites, se transforma en contradicción de estás, impulsando a las élites a organizarse a fin de frenarlo en la forma más rápida posible.


En tanto la acción del líder en el dominio de las formas paternalistas y de extensión asistencialista, sólo pueden existir divergencias accidentales entre él y los grupos oligárquicos heridos en sus intereses, pero difícilmente podrán existir diferencias profundas.


Lo que pasa es que estas formas asistencialistas, como instrumento de manipulación, sirven a la conquista. Funcionan como anestésico. Distraen a las masas populares desviándolas de las verdaderas causas de sus problemas, así como de la solución concreta de éstos. Fraccionan a las masas populares en grupos de individuos cuya única expectativa es la de “recibir” más.


Sin embargo, existe en esta existencialización manipuladora un momento de positividad, cual es el que los individuos asistidos desean, indefinidamente, más y más, y los no asistidos, frente al ejemplo de los que lo son, buscan la forma de ser igualmente asistidos.


Teniendo en cuanta que las élites dominadoras no pueden dar ayuda a todos, terminan por aumentar en mayor grado la inquietud de las masas.


El liderazgo revolucionario debería aprovechar la contradicción planteada por la manipulación, problematizándola a las masas populares a fin de lograr el objetivo de la organización
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Herramientas que utilizan los políticos para oprimir (Dividir para Oprimir I-parte)





En la medida que las minorías, sometiendo a su dominio a las mayorías, las oprimen, dividirlas y mantenerlas divididas son condiciones indispensables para la continuidad de su poder.


No pueden darse el lujo de aceptar la unificación de las masas populares, la cual significaría, indiscutiblemente, una amenaza seria para su hegemonía.


De ahí que toda acción pueda, aunque débilmente, proporcionar a las clases oprimidas el despertar para su unificación es frenada inmediatamente por los opresores a través de métodos que incluso pueden llegar a ser físicamente violentos.
Conceptos como los de unión, organización y lucha, son calificados sin demora como peligros. Y realmente lo son, para los opresores, ya que su “puesta en práctica” es un factor indispensable para el desarrollo de una acción liberadora.


Lo que interesa al poder opresor es el máximo debilitamiento de los oprimidos, procediendo para ello a aislarlos, creando y profundizando divisiones a través de una gama variada de métodos y procedimientos. Desde los métodos represivos de la burocracia estatal, de la cual disponen libremente, hasta las formas de acción cultural a través de las cuales manipulan a las masas populares, haciéndolas creer que las ayudan.


Una de las características de estas formas de acción, que ni siquiera perciben los profesionales serios, que como ingenuos se dejan envolver, radica en el hincapié que se pone en la visión focalista de los problemas y no en tanto dimensiones de una totalidad.


Cuanto más se pulverice la totalidad de una región o de un área en “comunidades locales”, en los trabajos de “desarrollo de comunidad”, sin que estas comunidades sean estudiadas como totalidades en sí, siendo a las vez parcialidades de una totalidad mayor (área, región, etc.) que es a su vez parcialidad de otra totalidad (el país, como parcialidad de la totalidad continental), tanto más se intensifica la alineación. Y, cuanto más alineados, más fácil será dividirlos y mantenerlos divididos.


Estas formas focalista de acción, intensificando la dimensión focalista en que se desarrolla la existencia de las masas oprimidas, sobre todo rurales, dificultan su percepción crítica de la realidad y las mantienen aisladas de la problemática de los hombres oprimidos de otras áreas que están en relación dialéctica con la suya.


Lo mismo se verifica en el proceso denominado “capacitación de líderes”, que, aunque realizado sin esta intención por muchos de los que lo llevan a cabo, sirve en el fondo, a la alineación.


El supuesto básico de esta acción es en sí mismo ingenuo. Se sustenta en la pretensión de “promover” la comunidad a través de la capacitación de líderes, como si fueran las partes las que promueven el todo y no éste el que, al promoverse, promueve las partes. En verdad, quienes son considerados a nivel de liderazgo en las comunidades, a fin de que respondan a la denominación de tal, reflejan y expresan necesariamente las aspiraciones de los individuos de su comunidad.


Éstos deben presentar una correspondencia entre la forma de ser y de pensar la realidad de sus compañeros, aunque revelen habilidades especiales, que les otorguen el status de líderes.


En el momento en que vuelven a la comunidad, después de un período fuera de ella, con un instrumental que antes no poseían, o utilizan éste con el fin de conducir mejor a las conciencias dominadas e inmersas, o se transforman en extraños a la comunidad, amenazando sí su liderazgo.


Probablemente, su tendencia será la de seguir manipulando, ahora en forma más eficiente, la comunidad a fin de no perder el liderato.


Esto no ocurre cuando la acción cultural, como proceso totalizado y totalizador, envuelve a toda la comunidad y no sólo a sus líderes. Cuando se realiza a través de los individuos, teniendo en éstos a los sujetos del proceso totalizador. En este tipo de acción, se verifica exactamente lo contario. El liderazgo, o crece a nivel del crecimiento del todo o es sustituido por nuevos líderes que emergen, en base a una nueva percepción social que van constituyendo conjuntamente.


De ahí que a los opresores no les interese esta forma de acción, sino la primera, en tanto esta última, manteniendo la alineación, obstaculiza la emersión de las conciencias y su participación crítica en la realidad entendida como una totalidad. Y, sin ésta, la unidad de los oprimidos en tanto clase es siempre difícil.


Éste es otro concepto que molesta a los opresores, aunque consideren a sí mismos como clase, si bien “no opresora”, sino clase “productora”.
Así, al no poder negar en sus conflictos, aunque lo intenten, la existencia de las clases sociales, en relación dialéctica las unas con las otras, hablan de la necesidad de comprensión, de armonía, entre los que compran y aquellos a quienes se obliga a vender su trabajo. Armonía que en el fondo es imposible, dado el antagonismo indisfrazable existente entre una clase y otra.


Defienden la armonía de clases como si éstas fuesen conglomerados fortuitos de individuos que miran, curiosos, una vitrina en una tarde de domingo.
La única armonía viable y comprobada es la de los opresores entre sí. Éstos, aunque divergiendo e incluso, en ciertas ocasiones, luchando por intereses de grupos, se unifican, inmediatamente, frente a una amenaza a su clase en cuanto tal.


De la misma forma, la armonía del otro polo sólo es posible entre sus miembros tras la búsqueda de su liberación. En casos excepcionales, so sólo es posible sino necesario establecer la armonía de ambos para volver, una vez superada la emergencia que los unificó, a la contradicción que los delimita y que jamás desapareció en el circunstancial desarrollo de la unión.


La necesidad de dividir para facilitar el mantenimiento del estado opresor se manifiesta en todas las acciones de las clases dominadoras. Su intervención en los sindicatos, favoreciendo a ciertos “representantes” de la clase dominada que, en el fondo, son sus representantes y no los de sus compañeros; la “promoción” de individuos que revelando cierto poder de liderazgo pueden representar una amenaza, individuos que una vez “promovidos” se “amansan”; la distribución de bendiciones para unos y la dureza para otros, son todas formas de dividir para mantener el “orden” que les interesa.


Formas de acción que inciden, directa o indirectamente, sobre alguno de los puntos débiles de los oprimidos: su inseguridad vital, la que, a su vez, es fruto de la realidad opresora en la que se constituyen.


Inseguros en su dualidad de seres que “alojan” al opresor, por un lado, rechazándolo, por otro, atraídos a la vez por él, en cierto momento de la confrontación entre ambos, es fácil desde el punto de vista del opresor obtener resultados positivos de su acción divisoria.


Y esto porque los oprimidos saben, por experiencia, cuánto les cuesta no aceptar la “invitación” que reciben para evitar que se unan entre sí. La pérdida del empleo y la puesta de sus nombres en “lista negra” son hechos que significan puertas que se cierran ante nuevas posibilidades de empleo, siendo esto lo mínimo que les puede ocurrir.


Por esto mismo, su inseguridad vital se encuentra directamente vinculada a la esclavitud del trabajo, que implica verdaderamente la esclavitud de su persona. Es así como sólo en la medida en que los hombres crean su mundo, mundo que es humano, y lo crean con su trabajo transformador, se realizan.


La realización de los hombres, en tanto tales, radica pues, en la construcción de este mundo. Así, si su “estar” en el mundo del trabajo es un estar en total dependencia, inseguro, bajo una amenaza permanente, en tanto su trabajo no les pertenece, no pueden realizarse. El trabajo alineado deja de se un quehacer realizador de la persona, y pasa a ser un eficaz medio de reificación.


Toda unión de los oprimidos entre sí, que siendo acción apunta a otras acciones, implica tarde o temprano que al percibir éstos su estado de despersonalización, descubran que, en tanto divididos, serán siempre presas fáciles del dirigismo y la dominación.


Por el contrario, unificados y organizados, harán de su debilidad una fuerza transformadora, con la cual podrán recrear el mundo, haciéndolo más humano.
Por otra parte, este mundo más humano de sus justas aspiraciones es la contradicción antagónica del “mundo humano” de los opresores, mundo que poseen con derecho exclusivo y en el cual pretenden una armonía imposible entre ellos que cosifican, y los oprimidos que son cosificados.


Como antagónicos que son, lo que necesariamente sirve a unos no puede servir a los otros.
El dividir para mantener el statu quo se impone, pues, como un objetivo fundamental de la teoría de la acción dominadora antidialógica.


Como un auxiliar de esta acción divisionista encontramos en ella cierta connotación mesiánica, por medio de la cual los dominadores pretenden aparecer como salvadores de los hombres a quienes deshumanizan.


Sin embargo, en el fondo el mesianismo contenido en su acción no consigue esconder sus intenciones; lo que desean realmente es salvarse a sí mismos. Es la salvación de sus riquezas, su poder, su estilo de vida, con los cuales aplastan a los demás.
Su equívoco radica en que nadie se salva solo, cualquiera sea el plano en que se encare la salvación o como clase que oprime sino con los otros.


En la medida en que oprimen, no pueden estar con los oprimidos, ya que es lo propio de la opresión estar contra ellos. En una aproximación psicoanalítica a la acción opresora quizá se pudiera descubrir lo que denominamos como falsa generosidad del opresor en el primer capítulo, una de las dimensiones de su sentimiento de culpa. Con esta falsa generosidad, además de pretender seguir manteniendo un orden injusto y necrófilo, desea “comprar” su paz.


Ocurre, sin embargo, que la paz no se compra, la paz se vive en el acto realmente solidario y amoroso, que no puede ser asumido, ni puede encarnarse en la opresión.
Por eso mismo es por lo que el mesianismo existente en la teoría de la acción antidialógica viene a reforzar la primera característica de esta acción, la del sentido de la conquista.


En la medida en que la división de las masas oprimidas es necesaria al mantenimiento del statu quo, y, por tanto, a la preservación del poder de los dominadores, urge el que los oprimidos no perciban claramente sus reglas del juego. Ene este sentido, una vez más, es imperiosa la conquista para que los oprimidos se convenzan, realmente que están siendo defendidos. Defendidos contra la acción demoniaca de los “marginales” y agitadores”, “enemigos de Dios”, puesto que así se llama a los hombres que viven y vivirán, arriesgadamente, en la búsqueda valiente de la liberación de los hombres.


De esta manera, con el fin de dividir, los necrófilos se denominan a sí mismo biófilos y llaman, a los biófilos, necrófilos. La historia, sin embargo, se encarga siempre de rehacer estas autoclasificaciones.
Los héroes son exactamente quienes ayer buscaron la unión para la liberación y no aquellos que, con su poder, pretendían dividir para reinar.

jueves, 2 de julio de 2009

Análisis de la situación política de América Latina

Sin duda en América Latina se está dando un proceso de transformación de la cultura política a la par de la erosión de los conceptos tradicionales de la teoría política, es decir, el agotamiento del modelo económico basado en la intervención del Estado, así como la disolución político- institucional de una sociedad que se erigió sobre los cimientos estructurales del modelo anterior.



De manera que la situación actual se distingue del pasado inmediato por la redefinición de espacios, intereses y demandas de los sujetos sociales, así como por el desmantelamiento de las bases fundacionales, jurídicas y sociales de la sociedad tradicional.


Se observa, no sin cierta preocupación, la descomposición de la sociedad y de sus redes sociales no basadas en relaciones de clase, e irrumpen el caos, el riesgo y la incertidumbre como los nuevos problemas políticos de fin de siglo. Frente a la diferencia de clases surgen la diferencia individual y las nuevas identidades organizacionales.


Por otra parte, el modelo neoliberal, basado en la racionalidad del futuro, busca apropiarse de la transición, de la postmodernidad, y también del discurso. En medio de toda esta situación las tendencias de izquierda, de centro y derecha van perdiendo paulatinamente su significado.
El agotamiento de los recursos institucionales, proyectuales e ideológicos favorece la pretensión neoliberal, toda vez que los actores no tienen las mismas posibilidades o alternativas, ni los mismos horizontes temporales, menos aún las mismas capacidades estratégicas que en el pasado.




En el mismo sentido, la ruptura del orden interno de los partidos políticos, la modificación de la relación gobierno-sociedad, y la ausencia de factores que cohesionen y unifiquen a la sociedad acentúan la lucha política por la conducción y orientación de la modernidad y la construcción del orden del futuro.


Lo mismo se observa en las distintas modalidades que han adquirido el proceso de reforma del Estado en algunos países de América Latina; incorporada en al agenda del debate público, ha generado el surgimiento de distintas perspectivas a partir de las cuales se anuncian sus alcances y su profundidad. Asimismo, provoca resistencias y constituye, por sí misma, un factor que acentúa las tensiones y los conflictos generados por la modernización económica.



La movilización de actores sociales, la exigencia de redefinición de los procesos de decisión entorno a la política económica y de cambios por parte de los participantes en ese proceso, con el consecuente debilitamiento de la noción de lo público que favorece la nueva orientación de la privatización de la sociedad y de las organizaciones públicas, son algunas de esas tensiones.
Planteando en estos términos, el tema de la reforma del Estado es central y prioritario pues tiene que ver con la esencia misma del Estado, con su estructura, su modo de funcionamiento, así como con la democratización del sistema político.



Entonces, no se trata solamente de pedirle al funcionamiento estatal mayor eficiencia y mejoramiento gerencial, ni tampoco una simple modificación de la red institucional que lo acompaño hasta el presente. Las reformas no se dan en un medio vacío; ocurren y están condicionadas por su medio específico: el institucional. Hablamos de modificación y el redimensionamiento de la renovación de sus mecanismos de representación, y de la descentralización y adecuación de sus funciones y estructura organizativa a lo que requiere el modelo vigente.


Por otra parte, la reforma estatal tiene como punto de partida la crisis del Estado. La triple dimensión de esta crisis: La del Estado-nación como forma política, como espacio político nacional, y la crisis de gobernabilidad. Lo anterior implica aceptar la pérdida de la capacidad del Estado nacional, el desvanecimiento de la soberanía y la absolencia de una forma de Estado como agente del desarrollo económico. Dicho de otra manera, las formas históricas y tradicionales del Estado han entrado en crisis y la modernización estatal, en los hechos significa la separación y la ruptura con la red institucional, con la vieja estructura de poder que la definió, y la construcción futura de democracia a través de las diversas funciones del Estado. Así, la reforma se convierte en un desafío fundamental para enfrentar el siglo XXI.


El modelo neoliberal plantea, tanto en la teoría como en la práctica, el desmantelamiento del Estado para transitar hacia la reorientación y significación de sus funciones en los niveles económico, político y social, con lo que se busca construir una nueva matriz sociopolítica en el contexto de la globalización y apertura que se dan en el mundo contemporáneo.


A nivel teórico, el proceso de transformación de la cultura política tiene una gran importancia en el debate actual. La reflexión teórica se refiere a ese proceso, acentuando la atención en la transición y en los problemas derivados de ella. Es así como la transición es entendida como el intervalo que se extiende entre un régimen político y otro, limitado por el inicio del proceso de disolución del régimen anterior y por el establecimiento de alguna reforma de democracia.
La transición provoca el desnudamiento de la sociedad, el desbordamiento de los límites del sistema y la liberación de las fuerzas sociales y políticas. En estas circunstancias la nueva razón del mercado y la necesidad estatal significa la recomposición de los viejos actores y su transformación en nuevos a través de la despolitización de las relaciones sociales.




En esta perspectiva se asiste al surgimiento de una nueva relación social basada en el mercado, que no es posible explicar ni por la lógica de la comunicación argumentativa ni por el análisis funcional de sistemas. Así, el nuevo vínculo social es extraído del plano cultural y de las instituciones, para ser restaurado en el espacio del mercado.
En el pasado la discusión teórica en América Latina respecto de las relaciones sociales y políticas ha estado asociada al paso de las sociedades tradicionales a las modernas. En las sociedades tradicionales las relaciones sociales se encuentran fundadas prerreflexivamente en las experiencias originarias de la sociabilidad. Por el contrario, las sociedades modernas se caracterizan por el intento de instaurar reflexivamente las relaciones sociales de acuerdo con modelos racionalmente formulados.



En este sentido, el orden social moderno se instaura como ruptura con toda tradición y descansa en relaciones institucionalmente garantizadas, siendo las instituciones las portadoras de los principios racionales que han de gobernar la vida social.
La peculiar situación de las sociedades latinoamericanas de los años cincuenta y sesenta es caracterizada por el tránsito desde el primero al segundo tipo de orden social.


La concepción desarrollista en América Latina experimenta una evolución que se caracteriza en tres etapas:
1.- el arribo de las sociologías estadounidenses de posguerra de carácter totalizante en que el esfuerzo modernizador se concentra en la aplicación del “método científico” en todas aquellas áreas de la convivencia social con el objeto de maximizar las posibilidades de crecimiento económico, la calidad de vida o la organización en torno a las decisiones relevantes.



2.- La aparición de la “sociología comprometida”, que trata de reconciliar las élites intelectuales con los intereses reales de las masas. El resultado no es, sin embargo, el esperado, sino un diálogo de mutuo reforzamiento entre las élites políticas y las tecnológicas tecnocráticas. “O sea, otra vez despotismo ilustrado, con el agravante ahora del impulso incontenible de la creciente politización en toda discusión y de la radicalización y oratoria de toda propuesta de cambio.”


3.- La preeminencia de la economía, que es vista como la única ciencia social que ha desarrollado el instrumental necesario para enfrentar eficientemente el problema del desarrollo. “El desarrollo es visto esencialmente como un problema de asignación eficiente de recursos económicos y quien mejor puede hacerlo de manera objetiva y sin distorsiones es el mercado como mecanismos autorregulación del equilibrio global de la sociedad.”


Desde esta perspectiva, la posmodernidad acrecienta la complejidad de las sociedades, lo que hace imposible que el vínculo social descanse sólo en las formas tradicionales de la sociabilidad o en la racionalidad institucional.
Por lo tanto, una característica peculiar de las sociedades contemporáneas la constituyen los procesos de internacionalización y monetarización. Éstos no se deben entender como una nueva ideología, sino como un proceso de diferenciación de las estructuras sociales que permite y crea las condiciones para el surgimiento de un subsistema económico articulado monetariamente y que reclama autonomía frente a los otros subsistemas sociales.


En términos sociológicos, la internacionalización y la monetarización implican una ruptura de la primacía de lo política como ámbito reflexivo de la totalidad social. Lo que significa que al adelgazarse la política surge una forma social nueva que carece de centro, es decir, de una sociedad que pueda representar a la sociedad y desde la cual se puede observar e intervenir sobre todos los procesos.


La política en esas circunstancias ya no se expresa como síntesis de la sociedad, toda vez que desaparece toda relación causal de orden clasista. Así, la economía en adelante deberá explicarse a partir de su propia racionalidad y no desde el ámbito de la política.
Se trata en el fondo de despolitizar la esfera estatal, evitando la sobre ideologización y desbordamiento de Estado por la política. De manera que el desdibuja miento de la política se transforma en “virtual electoral”, dando lugar al análisis de otros problemas tales como la incertidumbre, el caos, el riesgo y el desorden. Por lo mismo, hoy se plantea: no más política social desde la demanda, sino desde la oferta, y focalización en remplazo de la universalidad de los problemas sociales.



Da la impresión de que las sociedades contemporáneas en la cuales se desarrolla la ruptura se hallan entrampadas por nuevos factores perturbadores y de estrangulamiento político-económico internos y externos, provocando situaciones bastantes particulares o específicas, que alteran el tiempo gubernamental o cronológico, dando lugar al surgimiento de un “nuevo tiempo político”.
Irrumpe globalmente el auge de la democracia, que corre paralelamente al fracaso del Estado intervencionista y de un modelo económico apoyado en el Estado.

¿Es necesaria la reforma total de la constitución hondureña?


I. Definitivamente no es necesaria ni se justifica la reforma total de la Constitución. Mencionaremos en forma sucinta sólo algunas razones a manera de ejemplo.

1.- El núcleo de principios y fines fundamentales del Art. 1 de la Constitución continúa teniendo plena vigencia dogmático-formal, cuya positivación se vuelve imperativa para la propia sociedad políticamente organizada (Estado soberano, Constituido como República libre, democrática e independiente para asegurar a sus habitantes el goce de la justicia, la libertad, la cultura y el bienestar económico y social entre otros), los que todavía no se han efectivizado para beneficio de las mayorías del pueblo, por lo que no tiene sentido cambiarlos por otros, cuando sólo han transcurrido 25 años de vigencia del actual texto constitucional.

2.- La filosofía del justanaturalismo personalista, en que se inspira el texto constitucional, no hay motivo alguno para modificarlo, puesto que esa filosofía coloca la persona humana como el fin supremo de la sociedad y del Estado.

3.- El catálogo de derechos individuales y sociales es el más amplio que se ha tenido en toda nuestra vida constitucional.

4.- Los principios de la soberanía nacional, división de poderes, equilibrio reciproco de estos, el de las competencias expresas de los órganos del estado, el de la supremacía constitucional y otros, que informan la Constitución, son garantía de democracia, justicia, paz y desarrollo de la sociedad y de equilibrio y racionalización del poder político.

5.-La forma de Estado de Derecho, democrático liberal; la forma de gobierno republicano, democrático y representativo y el sistema de gobierno presidencialista, tradicionalmente han venido funcionando sin problemas, por lo que considero sería un despropósito, por ejemplo, la idea de cambiar el sistema presidencialista que adoptamos de la Constitución de Estados Unidos de América, por el sistema parlamentario predominante en Europa. Los países de América Latina tienen la figura del Presidente.

6.- Los contenidos inmodificables no han sido obstáculos para el desarrollo del Estado ni de la sociedad de Honduras; por el contrario, su presencia ha permitido conjurar, muchos riesgos y peligros políticos que hubieran conducido al país a situaciones lamentables y hasta caóticas.

7.-Estamos de acuerdo con aquellos que opinan que hay necesidad de actualizar y perfeccionar el texto constitucional, pero bastaría con introducir los cambios necesarios y convenientes por medio de reformas parciales, profundas, meditadas y progresistas que signifiquen un verdadero avance constitucional, no como hasta ahora se ha hecho, que han sido reformas coyunturales, superficiales e inapropiadas en su mayoría.

II. Algunos contenidos que podrían introducirse en la Constitución para perfeccionarla y actualizarla por medio de reformas parciales oportunas y bien meditadas, podrían ser las siguientes:

1.- Introducción de los llamados derechos de la tercera y cuarta generación (derecho al medio ambiente sano, combate a la pobreza, participación ciudadana efectiva, desarrollo de los pueblos, derecho a la paz, a la libre determinación de los pueblos, etc.).


2.- Institución del Tribunal Constitucional, independiente y separado del Poder Judicial.


3.- Ampliar los alcances y armonizar las disposiciones sustantivas de la inconstitucionalidad que figuran en los Art. 184 y 185 con las disposiciones adjetivas contenidas en el Art. 316, penúltimo párrafo de la reforma del Poder Judicial; y asimismo, con las disposiciones de la Ley sobre Justicia Constitucional relacionadas con dicho recurso.


4.- Instituir la figura del “Defensor de la Constitución”.


5.- Introducir nuevos mecanismos de democracia directa, como la iniciativa popular y el veto popular.


6.- Introducir la figura de la “Inconstitucionalidad por Omisión”.


7.- Otros que sean convenientes y necesarios para fortalecer la democracia, la participación ciudadana y el progreso nacional.

¿Cuál es el modelo histórico de la constitución hondureña?


No obstante haberse aprobado en el país diez y seis textos constitucionales, trece estatales y tres federales, desde nuestro punto de vista el Estado de honduras como Estado unitario solamente ha tenido un modelo histórico de Constitución, que fundamentalmente adopta la forma de Estado de democracia clásica, la forma de gobierno republicana, democrática y representativa, el sistema de gobierno presidencialista y que inicialmente enuncia como derechos individuales el de libertad, propiedad e igualdad, a los que posteriormente se van agregando otros en los sucesivos textos constitucionales, hasta llegar a la Constitución de 1957 que inserta por primera vez, un catálogo de derechos sociales, económicos y culturales, que se sistematiza en las constituciones de 1965 y de 1982. En este último período, los textos constitucionales siguiendo en forma más amplia el modelo de las constituciones extensas o desarrolladas, incluye en la parte orgánica materias que no figuraban en las anteriores incluyendo la de 1936, tales como: el sistema económico, regulaciones sobre la banca y moneda, finanzas públicas, presupuesto, responsabilidad del Estado y de los funcionarios públicos, Fuerzas Armadas, Servicio Civil, instituciones descentralizadas, organismos estatales como la Procuraduría General y Contaduría General de la República, etc.
El hecho de que se hayan emitido tantos textos constitucionales se explica, por la inestabilidad política y social en que hemos vivido en América Latina en general, y en Honduras, en particular, así como por la desnaturalización que se produjo del poder constituyente al utilizarlo en forma derivado o reformador de la constitución anterior. A esto hay que agregar el propósito político-sectario circunstancial que tenían los grupos que se disputaban el poder de legitimar por medio de un texto constitucional, la usurpación de la soberanía del pueblo que frecuentemente hacían en detrimento de la democracia que proclamaban defender.