martes, 21 de julio de 2009

Entrevista a Francisco Palacios Romeo, profesor de Derecho Constitucional, sobre los acontecimientos de Honduras.


"La única manera de que una mesa de negociaciones avance sería con amenazas internacionales serias como el bloqueo económico y diplomático integral, con un cierre de fronteras incluido"

Salvador López Arnal

Rebelión

“[…] Micheletti es muy directo y ya dijo en cuanto se instaló la mesa de negociaciones que la única manera de que Zelaya regresara a Honduras es directamente al Juzgado para responder por más de diez delitos. A partir de ahí, ¿qué mesa de negociaciones es posible? Zelaya ha hecho bien en aceptar la Mesa para que no se le acusara de intransigente, pero debe marcar un plazo y, sobre todo, debe dejar constancia de la nula voluntad de los golpistas para desalojar el poder usurpado.”

Francisco Palacios Romeo es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Zaragoza y miembro del Comité Internacionalista de Aragón. Entre sus últimas publicaciones relacionadas con las transformaciones del Estado en Latinoamérica, cabe destacar: “La ruptura constitucional del Estado precario: los derechos sociales en el nuevo constitucionalismo iberoamericano. La especificidad del modelo venezolano” en Venezuela en transición. La experiencia bolivariana de gobierno, Ágora. Revista de Ciencias Sociales, nº 14, 2006, y “Constitucionalización de un sistema integral de derechos sociales. De la Daseinsvorsorge al Sumak Kawsay” en Desafíos Constitucionales. La Constitución ecuatoriana del 2008 en perspectiva, ed.: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y Tribunal Constitucional, Quito, 2008.*


En su opinión, profesor Palacios, ¿ha habido o no ha habido un golpe militar anticonstitucional en Honduras? ¿Estamos ante una situación políticamente similar a la que ocurrió con Allende en 1973 o en España en 1936?


Sí ha habido un golpe de Estado anticonstitucional porque se ha desalojado por la fuerza al Presidente legítimo de Honduras. Uno de los argumentos golpistas es que lo ha destituido el Congreso avalado por la Corte Suprema pero… ¿Qué artículo constitucional habilita al Congreso a destituir al Presidente? Ninguno. ¿Qué articulo constitucional habilita a la Corte Suprema a destituir al Presidente? Ninguno. ¿Qué normativa autoriza a la Corte Suprema a detener al Presidente de esa manera y sin cumplir toda una serie de gravosos requisitos? Ninguna. No hay ningún mecanismo legal en la Constitución de Honduras para poder deponer al Presidente. Es más, la Constitución guarda silencio en cuestiones de fuero y estatuto del Presidente, así como en cuanto a las posibilidades su destitución por el Congreso. Solamente se habla de que la “Corte Suprema conocerá los procesos incoados a los más altos funcionarios del Estado y diputados”. Y es en este párrafo en el que hay que suponer (que es mucho suponer) que el Presidente va incluido en la acepción “los más altos funcionarios”. Y caso de que ello fuera posible debería haberse abierto un proceso pleno en garantías y de largo recorrido siguiendo todas las fases procesales a las que apela la normativa penal hondureña. ¿Algún tribunal ha incoado algún proceso? No. ¿Cabría incoar un proceso penal por éste motivo? Tampoco, porque la acción del Presidente, si acaso, nos conduciría a un conflicto de poderes pero nunca a responsabilidades penales por el hecho de habilitar una consulta popular. Las tres situaciones que mencionas en tú pregunta tienen en común la ilegitimidad y la ilegalidad. En las tres ocasiones se depuso por la fuerza al gobierno legítimo del país. Las tres son situaciones en donde la fuerza bruta militar se utiliza contra la fuerza institucional-democrática. Aunque son también coyunturas distintas que merecerían un análisis por separado.

¿Cuál cree usted que era la finalidad del presidente Zelaya con la consulta?


El Presidente deseaba abrir un debate social sobre las posibilidades de una nueva Constitución. Sobre todo porque el texto constitucional de Honduras era un texto que venía lastrado por tener sus orígenes en la anterior junta militar golpista y por ser un texto de la segunda generación constitucional. El Presidente valoraba positivamente los nuevos modelos constitucionales latinoamericanos por las amplias posibilidades que asignaban en materia de derechos fundamentales, participación política y social, modelo soberanista del Estado y estructura de seguridad integral. Hay que reparar en una gran diferencia de legitimidad histórica que separa dos fechas 1982 y 2009. a) Año 2009, el Presidente democrático intentaba abrir un gran debate nacional -con la mayor parte de los grandes medios de comunicación oligopólicos en su contra- sobre si Honduras quería darse un nuevo modelo de contrato político. b) Año 1982, una Junta militar dictatorial en el poder abre un proceso constituyente, en el que controla todos los escenarios: 1) no pregunta al pueblo sí desea o no desea una asamblea constituyente y en qué términos la desea; 2) la propia junta militar convoca la asamblea constituyente; 3) organiza las elecciones, controla el debate público y proclama los resultados; 4) dirige el gobierno y el país bajo la excepcionalidad dictatorial mientras se ejecutan los trabajos de la propia asamblea constituyente.

“Existe una casi sospechosa unanimidad en condenar la factura del golpe de Estado en Honduras”, ha escrito usted. ¿Por qué sospechosa?


Porque nunca ha habido tanta unanimidad en los más diversos gobiernos mundiales en condenar un golpe militar, incluidos gobiernos profundamente hostiles al gobierno hondureño y al Presidente Zelaya. Y eso ha sido por tres cosas. En primer lugar por la nueva estrategia de la hegemonía estadounidense por la que la dominación y la influencia deberán basarse en mecanismos de propaganda y de control que no pasen por operaciones de fuerza política anticonstitucional explícita salvo en casos extremos. Este no era un caso extremo y, sin embargo, la factura era obscenamente antiestética. Por ello, por ser una operación torpe y obscenamente antiestética ha sido desechada y condenada por Estados Unidos y, de seguido, por todos los círculos concéntricos estratégicos del hegemonismo estadounidense sin excepciones. Es decir, la nueva Administración Obama ha decidido desempolvar el concepto maquiavelista de “virtú” y reinterpretarse en su política exterior con mayor sagacidad y menor temeridad. En segundo lugar, la aceptación del golpe hubiera supuesto un precedente para la legitimación de cualesquiera acciones no institucionales o no jurídicamente homologables y eso no le interesa al sistema dominante, por el momento, ya que todavía domina la mayor parte de la superestructura jurídico-política de los Estados. En tercer lugar porque la imagen internacional del Presidente Zelaya no estaba deteriorada. Los medios masivos de intoxicación no habían podido sacarle ni un solo affaire negativo en los cuatro años de gestión.

El coronel hondureño Herberth Bayardo Inestroza ha afirmado que desde mediados de abril estaban asesorando al jefe del Estado Mayor Conjunto “para que no fuera a comprometer a las Fuerzas Armadas en una probable orden ilegal que podía emitir el Ejecutivo”. Según afirma este coronel golpista, pensaron que una orden de ese tipo era posible “por la situación que se venía dando desde el convenio con Venezuela sobre el ALBA y la firma en la plaza de La Libertad, en la que estuvieron jefes militares en una ceremonia política” y por una comparecencia del Ejecutivo en la que estuvo el subjefe del Estado Mayor Conjunto en lugar del Ministro o viceministro de Defensa. ¿Observa usted en todo ello indicios de ilegalidad?


La única autoridad que puede firmar convenios internacionales es el Presidente. La presencia de miembros de la Administración civil o militar en nada compromete a dichas autoridades en algo que es función y competencia del Presidente de la República. Los funcionarios -civiles o militares- suelen acompañar en la formalización protocolaria de los actos, pero nada más. En cuanto a la comparecencia del subjefe de Estado Mayor desconozco en que términos sustituyó o representó al ministro de defensa. Pero aún en el caso de que hubiera sido inconveniente no dejaría de ser un hecho insignificante de representación no estrictamente adecuada; aunque no olvidemos que la representación o sustitución protocolaria es un hecho muy laxo susceptible de innumerables variantes. En cualquier caso cuestiones sin importancia de orden protocolario cuya exhibición argumental sí que es indecorosa.

Para el coronel Bayardo Inestroza, sigo por este sendero tenebroso, el problema se da cuando el presidente Zelaya “da esa orden ilegal de emplear las Fuerzas Armadas para apoyar el proceso de la encuesta”. El 26 por la tarde, afirma, presentó al jefe del Estado Mayor Conjunto “una opinión que concluía que jurídica, ética y moralmente no era posible proporcionar apoyo porque el artículo 272 nos da un papel de garantes de la Constitución, de la alternabilidad en el ejercicio de la presidencia”. ¿Es así en su opinión? ¿No les era posible proporcionar ese apoyo a las fuerzas armas hondureñas constitucionalmente?


Las fuerzas armadas son garantes del orden constitucional pero sin autonomía deliberativa para ello. Las fuerzas armadas forman parte de la Administración del Estado, son la Administración militar del Estado. Y por lo tanto están subordinadas estrictamente a las órdenes que les imparte el poder ejecutivo, es decir el Presidente y el Gobierno. Pero ya que el general golpista alude al artículo 272, comentemos el artículo 272. Y lo primero que dice este artículo es cómo las “las Fuerzas Armadas de Honduras, son una Institución Nacional de carácter permanente, esencialmente profesional, apolítica, obediente y no deliberante”. Es decir: “obediente”, “apolítica” y “no deliberante”. ¿Dónde está ahí la autonomía del Estado Mayor para opinar sobre lo bueno o lo malo que puede ser el Presidente Zelaya, o sobre lo divino y lo humano? No deliberante significa que en ningún caso pueden entrar en el debate interinstitucional. Obediente significa seguir órdenes siempre ¿Órdenes de quien? De aquella institución que prescribe la Constitución y que no es otra que la Presidencia de la República: “Ejercer el mando en Jefe de las Fuerzas Armadas en su carácter de Comandante General, y adoptar las medidas necesarias para la defensa de la República (art. 245.16). Por lo tanto las fuerzas armadas tienen un Comandante en jefe que es el Presidente de la República. Y cuando se cita la segunda parte del artículo 272 no se tiene en cuenta que cuando dice “pondrá a disposición del Tribunal Nacional de Elecciones” es sólo para acometer las funciones que describe ese mismo artículo: “garantizar el libre ejercicio del sufragio, la custodia, transporte y vigilancia de los materiales electorales y demás aspectos de la seguridad del proceso”. Por lo tanto, lo dicho en el artículo 272 no significa que tenga que ser transferida la función constitucional de comandante en jefe al Tribunal Electoral sino de que hay una obligación de colaboración con el Tribunal para tal menester. Funciones administrativas secundarias de las fuerzas armadas que en absoluto les da un papel deliberante en dichas funciones. Convertir una función constitucional subordinada en una traslación integral de competencias no deja de ser un razonamiento tan falaz como subordinada es la función del 271 respecto a la del 245. Sólo desde el ridículo se puede sostener que el Tribunal Electoral queda investido de Comandante en jefe durante los procesos electorales en interpretación del artículo 271. Es más, si así fuera sería un nuevo motivo para la inexcusable necesidad de una Asamblea Constituyente.

Déjeme hacerle la última pregunta sobre las declaraciones del coronel Inestroza. Sostiene también que el Ejército en pleno veía con recelo al presidente Zelaya. El señor Presidente, afirma este activista y simpatizante del golpismo, “estaba utilizando a la Fuerza Armada como una herramienta política”. ¿Es así? ¿Hay indicios y hechos que confirman esta acusación?


Cualquier coronel puede ver con todo el recelo que quiera al Presidente Zelaya como yo puedo ver con todo el recelo que quiera al Presidente Rodríguez Zapatero. En una democracia todo el mundo puede pensar lo que quiera de otros. Pero, ahora bien, cualquier funcionario público debe cumplir con sus obligaciones y con su deber de obediencia de forma inexcusable porque pertenecen a la Administración Pública como cuerpo. El Presidente de la República es la máxima autoridad en la dirección general del Estado (art. 247.2 y 247.12) y, por lo tanto, es la máxima autoridad de su brazo instrumental, como lo es la Administración Pública desde el siglo XV. No lo es el Congreso Nacional, ni la Corte Suprema ni mucho menos el Tribunal Electoral. El coronel Inestroza debería saber que él ha elegido la profesión en donde la obediencia y la disciplina son omnipresentes y una de las razones de ser de dicha institución, precisamente porque es depositaria de los principales instrumentos de fuerza y violencia. Debería saber que el funcionario militar es el que mayor servidumbre tiene en cuanto al principio de obediencia. En el ejército tradicional existe una estructura cerrada de disciplina, hasta el punto que una figura del derecho penal como la eximente de obediencia debida -presente en todos los códigos penales del mundo- está pensada en función de la extrema servidumbre a la que están supeditados los cuerpos armados tanto hacia dentro como hacia fuera de la institución. Si a ello añadimos la rigurosa advertencia constitucional sobre la “no deliberación” del Ejército nos encontramos con que el coronel Inestroza confunde el Ejército con un clan mafioso dispuesto a cambiar sus lealtades en función de intereses espurios de grupo o de bandería. Y confunde al Estado constitucional con una taberna donde las normas y los comportamientos cambian al albur de la ingesta alcohólica. El coronel Inestroza debería aprender en primer lugar que es un Estado y, en segundo lugar, que son los derechos humanos.

¿Qué papel ha jugado en el proceso la Corte Suprema de Justicia hondureña? ¿Cómo se puede explicar un comportamiento así de una institución que dirige el poder judicial?


La Corte Suprema en su conjunto ha jugado un papel gregario institucionalmente hablando, aunque alguno de sus miembros sí ha participado en la dirección del golpe. Como institución se ha dedicado a convalidar las acciones golpistas del mando militar y del felón Micheletti. Su papel ha sido tan gregario que ni siquiera le dejaron dictar la Comunicación con anterioridad al golpe sino que le instaron a redactarla con el golpe ya consumado el día 28 de junio. Una Corte Suprema resolviendo a través de un Comunicado… La Corte Suprema ha sido el escribano del golpe al dictado de los coroneles de turno. No hay poder judicial más patético como el que le escribe las cartas al coronel. Repárese en qué papel como juristas han jugado analizando sólo el último párrafo de dicha Comunicación que avala el golpe. Dice el Comunicado: “si el origen de las acciones del día de hoy esta basado en una orden judicial emitida por Juez competente, su ejecución esta enmarcada dentro de los preceptos legales, y debe desarrollarse contra todo lo que ilegalmente se anteponga a devolver al Estado de Honduras, el Imperio de la Ley”. El silogismo resulta infantil: si el golpe militar se basa en una orden judicial emitida por un juez, la ejecución de dicho golpe de Estado está dentro de la ley y debe llevarse adelante con todas sus consecuencias. Es decir, que para cumplimentar una sentencia -susceptible de recursos- hay que detener a todo el Gobierno legítimo, destituir a su Presidente, deportarlo, proclamar el estado de sitio y reprimir y matar a ciudadanos. La pregunta sería: ¿va a tomar ese tipo de decisiones la Corte Suprema cada vez que un Alcalde o Gobernador o Ministro no acate una decisión judicial que hipotéticamente pueda contravenir la Constitución? ¿Va a convalidar un golpe de Estado o la destitución vía policial o militar de cualquier cargo electo cuando se dé cualquier tipo de conflicto entre el Estado central y un ayuntamiento, entre el Gobierno y el Congreso, entre un juzgado y otro, entre el Procurador y el Fiscal…? Es sencillamente grotesco. Casi tan grotesco como el amparo “expres” que ese mismo tribunal da al depuesto general golpista Romeo Vásquez alegando que se vulnera su “derecho al mérito”. Un amparo concedido en menos de 24 horas saltándose todos los procedimientos y prestando amparo respecto a una destitución del que es uno de los cargos de confianza más relevantes del Estado.

Por lo demás, ¿en qué condiciones políticas se elaboró la constitución hondureña? ¿Obraron los constituyentes con total libertad?


La Constitución se elabora bajo la influencia determinante de la junta militar golpista. Y se elabora bajo las condiciones que impone un gobierno dictatorial. Recordemos lo dicho con anterioridad, que es la propia junta militar presidida por el general Policarpo Paz la que convoca las elecciones para una Asamblea Constituyente, la que supervisa el proceso electoral y la que proclama los resultados. Y no sólo eso sino que es una junta militar que continúa ejerciendo el poder ejecutivo mientras la asamblea constituyente realiza sus trabajos, ¡Una junta militar que no se disuelve mientras se realizan trabajos constituyentes! ¿Alguien cree que los constituyentes actuaban con entera libertad? Peor aún: ¿son legítimas unas elecciones bajo la fiscalización de una dictadura? Unas elecciones en las que había encarcelados, organizaciones políticas ilegales, desapariciones sin esclarecer y amenazas a todo espacio presuntamente disidente. Incluso elevando la cuestión: ¿es legítima dicha Constitución? O yendo a la cuestión que nos ocupa: ¿es admisible que un texto constitucional con tales lastres no pueda ser totalmente reformado mediante una asamblea constituyente ni más ni menos que un cuarto de siglo después?
La Asamblea Constituyente de 1982 sería un pacto a tres bandas entre el Ejército, la oligarquía bipartidista y la secretaría de Estado de Ronald Reagan dentro de la nueva estrategia estadounidense de normalización institucional progresiva en aquellos Estados donde los golpes de Estado habían cumplido con su misión de limpiar la disidencia y establecer estructuras institucionales clientelistas y patrimonializadas. Es necesario recordar como la década de los ochenta es la década de reestablecimiento institucional controlado para la culminación del modelo neoliberal puro, el cual exigía igualmente una estructura política formalmente liberal. Resulta muy llamativo observar cómo en la década de los ochenta se produce el fin de toda la amplia serie de juntas militares que gobernaban el subcontinente. Cómo durante esa época se abren numerosos procesos constituyentes y procesos electorales al unísono.

Quizá fuera, se ha dicho, por casualidad…

¿Casualidad? Sólo la ingenuidad o el cinismo pueden concluir que es casualidad, sobre todo porque en la en la práctica totalidad de los casos son las propias juntas militares las que inician el proceso: Bolivia en 1982, El Salvador en 1982, Argentina en 1983, Guatemala en 1984, Brasil en 1985, Uruguay en 1985, Chile en 1988, Paraguay en 1989. Como se ve es la práctica totalidad del continente la que inicia procesos constituyentes y primerizos procesos electorales. Es una orden lanzada desde Washington a todas las juntas golpistas. Es la década de transición política que tiene la misión de adaptar las super-estructuras políticas a las necesidades del modelo imperialista. Es decir, se pasa del Plan Condor (década de los setenta) a la nueva época que prepara la década del Consenso de Washington (década de los noventa) en donde se iba a introducir el nuevo modelo hegemónico económico-social de globalización neoliberal en donde las corporaciones multinacionales pudieran reconquistar el espacio que los Estados habían ganado en las décadas de los cincuenta y sesenta. La década de los ochenta debería ser la etapa de normalización institucional, de democracias formales controladas, de la continuación del control político y social por otros medios, una vez eliminados los núcleos fuertes de disidencia y oposición.
Y ahí es donde entra la Constituyente de Honduras de 1982 y el nuevo papel institucional del general Policarpo Paz (que ironía de apellido) instalado en el centro de la estrategia servil del imperio estadounidense. Y podemos volver a preguntar: ¿es realmente legítima la Constituyente del 82? Y sobre todo: ¿no es legítimo poder volver a pedir una Asamblea Constituyente, con esos antecedentes, 25 años después?

El articulo 374 de la Constitución hondureña afirma: “no podrá reformarse en ningún caso el articulo anterior 373”. Este artículo sostiene por su parte que “la reforma de esta constitución podrá decretarse por el Congreso Nacional, en sesiones ordinarias, con dos tercios de votos de la totalidad de sus miembros. El decreto señalará el artículo o artículos que hayan de reformarse…” y añade, como usted sabe muy bien, que no podrán reformarse en ningún caso los artículos relacionados a “la forma de gobierno, al territorio nacional, al periodo presidencial, a la prohibición para ser nuevamente Presidente de la Republica el ciudadano que lo haya ejercido anteriormente y el referente a quienes no pueden ser Presidentes de la República por el periodo subsiguiente”. Un articulado así, en una situación política-económica-social como la hondureña, ¿permite en algún caso concebible reformas constitucionales sustantivas?


Es un modelo de reforma constitucional que técnicamente se denomina muy rígido. Eso significa que es muy difícil poder modificar cualquier aspecto del texto constitucional. De hecho hay pocos textos tan rígidos como el de Honduras: a) hacen falta que dos terceras partes del Congreso que aprueben la reforma para que esta pueda ser hecha; b) hay que esperar a la siguiente legislatura para que avale nuevamente la reforma, debiendo alcanzar el mismo número de votos; c) en ningún caso existe la posibilidad de intervención popular directa, el pueblo nunca va a poder opinar sobre la reforma; d) hay artículos que la Constitución prohíbe modificar. Por lo tanto estamos no sólo ante un texto ultra-rígido sino ante un texto con cláusulas de intangibilidad, por las cuales hay artículos y materias inmodificables a perpetuidad. Algo así como una cadena perpetua constitucional que vincule a todas las generaciones de hondureños hasta el final de los tiempos ¿Es eso concebible y legítimo? Y, sobre todo, ¿lo es teniendo en cuenta que fue un texto controlado y redactado bajo el poder ejecutivo de una junta militar? Así que respondiendo a la pregunta podríamos decir que resulta casi imposible hacer reformas sustantivas y que hay artículos orgánicos que es imposible modificarlos. Y quiero resaltar que sí resulta plausible cobijar a los derechos fundamentales bajo cláusulas rígidas o incluso de intangibilidad en cuanto a la reducción o merma de dichos derechos fundamentales, con base a que los derechos fundamentales son conquistas personales y patrimonio de todos los seres humanos en la evolución de los estados constitucionales, mantenidas por convenios y tratados internacionales bajo clave ius cogens. Sin embargo, resulta inadmisible establecer dichas cláusulas para simples aspectos orgánicos de un texto constitucional, máxime por recónditos intereses de una asamblea constituyente tutelada como fue la de 1982.

¿Qué puede ocurrir en las negociaciones conducidas por Óscar Arias entre el presidente Zelaya y el representante del golpismo?


Creo que nada. Es una estrategia dilatoria de los golpistas y, sobre todo, de determinada diplomacia internacional para aparentar ante la opinión pública que se está intentando algo. Otra cosa no será pero el presidente-golpista Micheletti es muy directo y ya dijo en cuanto se instaló la mesa de negociaciones que la única manera de que Zelaya regresara a Honduras es directamente al Juzgado para responder por más de diez delitos. A partir de ahí, ¿qué mesa de negociaciones es posible? Zelaya ha hecho bien en aceptar la Mesa para que no se le acusara de intransigente, pero debe marcar un plazo y, sobre todo, debe dejar constancia de la nula voluntad de los golpistas para desalojar el poder usurpado. La única manera de que una mesa de negociaciones avanzara sería con amenazas internacionales serias tales como el bloqueo económico y diplomático integral, con un cierre de fronteras incluido. Otras medidas tibias no harán sino fortalecer día a día a la junta golpista.

Jurídicamente, ¿hay alguna salida admisible que no pase por la vuelta sin condiciones a la presidencia del presidente depuesto?


Pocas y todas ellas no constitucionales. El Presidente Zelaya es el Presidente legítimo al que le ha sido usurpado el poder. Ha habido una ruptura del orden democrático grave y debe retornarse a dicho orden. Por ello, y en una primera fase, habría que intentar una restitución integral de la anterior situación constitucional. Ello debería contar con el apoyo diplomático y toda la capacidad de presión de la sociedad internacional, fundamentalmente de la O.E.A. Podría ocurrir que la sociedad internacional no estuviera dispuesta a ejercer una presión fuerte y que la situación se estancara. En ese caso habría que intentar unas concesiones mínimas de segunda fase. Estas contrapartidas mínimas podrían ser: 1) Contrapartidas a las instituciones golpistas: a) que accediera a la Presidencia de la República un secretario de Estado del gabinete legítimo, a elección del Presidente Zelaya hasta los comicios de noviembre; b) la declaratoria de una amnistía para todas las conductas ilegales de aquellas autoridades y personas autores o cómplices del golpe. 2) Contrapartidas a la Presidencia y gobierno legítimo: a) retorno inmediato de Manuel Zelaya; b) instalación de la cuarta urna en las elecciones de noviembre con la pregunta sobre una Asamblea Constituyente; c) reconfiguración del Tribunal Supremo Electoral de manera paritaria entre Congreso y Gobierno. El peor de los escenarios sería la progresiva indiferencia de la comunidad internacional. Entonces no quedaría sino la estrategia conjunta de los gobiernos latinoamericanos alternativos y una estrategia popular insurreccional en posible juego desuma cero.

La Administración Obama ha condenado lo sucedido aunque, si no estoy mal informado, la expresión “golpe militar” no ha sido usada hasta la fecha. ¿Cuál cree usted que ha sido el papel de Estados Unidos en los acontecimientos? ¿Han estado al margen? ¿No sabían nada? ¿No han podido hacer nada aunque quisieron evitar lo sucedido?


El presidente Obama ha condenado la usurpación de poder de manera no contundente. Sí la ha condenado pero no ha establecido una línea firme para la solución de la crisis. Es difícil pensar que ninguna agencia de Estados Unidos ha intervenido en el golpe de Estado. Ninguna instancia orgánica de un Estado tradicionalmente subordinado como Honduras mueve ficha tan importante sin tener el plácet de la embajada estadounidense o, en su defecto, de algún círculo central de su Estado. Desde hace décadas hemos comprobado una y otra vez que las distintas agencias centrales de inteligencia o las instituciones económicas fundamentales de un Estado tienen lógica propia y capacidad de decisión al margen de cauces institucionales. Desde Proudhon hasta Chomsky pasando por Miliband se ha teorizado extensamente sobre el fenómeno estructural por el cual distintos organismos del Estado obedecen estrategias y dictados de otros grupos de presión distintos de las autoridades legítimas del propio Estado. Sobre todo los centros de inteligencia, el ejército o los bancos centrales. Pero lo más seguro es que el Presidente Obama nunca haya avalado ni pensado en este golpe. Al presidente Obama de seguro se le sustraen muchos centros de poder institucional y de presión. Él mismo está atrapado y con una capacidad de maniobra muy relativa que él asume y con la que él convive políticamente.

¿Por qué cree usted que se han producido tantas vacilaciones sobre lo sucedido en Honduras incluso en medios, digamos, tan civilizados y democráticos como El País?


Y no sólo vacilaciones sino creación indirecta de condiciones mediáticas objetivas para que se diera o sostuviera el golpe. El editorial de El País del día 27 de junio es estremecedor. Ese día el grupo golpista estaba debatiendo si el golpe se daba, cómo y cuando. Los golpistas -como todos los golpistas- tenían una sala de evaluación estratégica que medía las reacciones ante la situación y ante un presunto golpe. Una sala que medía actitudes a favor y en contra de Zelaya. Dicha sala elaboró informes periódicos para valorar las posibilidades del golpe. De esos informes se concluyó como el golpe tenía muchas posibilidades de ser viable. ¿Cómo elabora una sala situacional, una sala de evaluación estratégica ese tipo de dictámenes? Con unas amplias series de elementos entre los cuales se encuentra el estado de opinión. El estado de opinión lo compone un panel con los que se consideran medios de comunicación más influyentes. Y uno de los que puntúa -y puntúa alto- es el diario El País. Ese día 27 -día y medio antes del golpe- el editorial trataba a Zelaya como un forajido jurídico que estaba intentando constreñir tanto las libertades que ello explicaba el papel disuasorio que venía jugando el ejército. Y así -mintiendo sobre el carácter de la consulta- hablaba de “la moda de repetir mandatos presidenciales saltándose la ley”, apelaba a la conducta de Zelaya como propia del “caudillismo de izquierdas” y remataba –y esto es lo más grave- justificando las maniobras intimidatorias y pre-golpistas del Ejército, hablando de la “negativa militar a cooperar en la consulta ilegal”. Los medios de comunicación no son ajenos a intereses ideológicos, políticos y económicos a pesa de esa tópica etiqueta de “independiente”. A la hora de analizar un fenómeno siempre valoran quien lo protagoniza y si ese protagonista está en su onda programática o no. Zelaya no estaba en la onda programática de las 9/10 partes de los grandes medios de comunicación. Por un lado, no han tenido más remedio que condenar el golpe porque era formalmente obsceno, pero, por otra parte, todos ellos han lanzado confusas y no argumentadas sombras de sospecha sobre el comportamiento constitucional del Presidente Zelaya porque no podían asignarle ni una pizca de legitimidad a quien no consideraban en su “programa positivo”.

Y El País estaba en esa honda…

El País estaba en esa honda ya que todo aquel gobierno que intente formar parte del bloque de fuerzas políticas y gobiernos alternativos latinoamericanos está sometido a criminalización en línea editorial e informativa. Esa ha sido su opción y ellos lo saben. En El País hay mucha inteligencia en todos los sentidos y, por lo tanto, no les vamos a enseñar en que consisten los nuevos modelos políticos y como esos modelos -con todos sus problemas y errores- intentan profundizar en una sociedad más participativa, más social y más plural a construir a través de un nuevo Estado social, participativo y comunitarista. Por lo tanto, no hay que confundir la maldad con la idiotez. Y en El País pueden ser malvados pero no son precisamente idiotas. Su dirección sabe como en ningún sitio se debaten los derechos fundamentales y las garantías con tanta amplitud como en las nuevas experiencias de Venezuela, Ecuador, Bolivia o Paraguay. Y tampoco ignora como por primera vez en su Historia una gran cantidad de Estados son capaces de tomar las riendas soberanas sobre aspectos fundamentales de sus economías y cómo, por fin, pueden convertir en normal lo que era excepcional, que no era sino empezar a consumar básicamente ese viejo mito liberal, por cierto, de la soberanía de los Estados y de los pueblos no permitiendo que multinacionales y gobiernos hegemonistas controlen sus políticas públicas y condicionen su modelo de crecimiento (subdesarrollo y dependencia). Y en esa lógica podríamos incluir últimamente a Brasil, Argentina, Uruguay o la propia Honduras, además de los países arriba mencionados. Eso lo sabe El País, pero el problema de El País es el mismo problema que el de una gran parte de multinacionales y de grupos de poder, y es cómo ellos han iniciado una lógica de autopoiesis degenerativa por la que sólo acaba mirando por su crecimiento y por su capacidad para la determinación de otros espacios y grupos por parte de su propio grupo. Ese neurótico crecimiento totalizante no les lleva a crecer con identidad sino a perderla para acabar siendo integrados por el sistema superior en cuanto asumen pautas políticas y financieras de lógica insustraíble. Han sido deformados por las lógicas del crecimiento financiero y por su simbiosis circunstancial con otros espacios de poder que los traslada a escenarios de seducción social y cultural que poco o nada tiene ya que ver con su primigenia vocación progresista y humanista. Terminan durmiendo con el enemigo. Acaban siendo su peor enemigo.

Lo sucedido en Honduras, lo que está sucediendo, ¿puede ser un precedente, un modelo para futuras aventuras de la reacción en América Latina? ¿Puede pensarse en una nueva modalidad golpista? Acuso de inconstitucional tal o cual medida del gobierno, agito las Fuerzas Armadas, golpeo militarmente y más tarde, si es el caso, para dar buena impresión, negocio o converso desde una posición de poder armado poniendo a las fuerzas del cambio a mis pies y en una correlación de fuerzas muy desfavorable.

No es mala estrategia. Y que no es mala estrategia lo demuestra el hecho de que esa es, ya, su estrategia desde que en 1998 Hugo Chávez comienza un proceso de cambio y de transformación por vías escrupulosamente constitucionales. Chávez no parte del viejo supuesto subversivo por el cual todo el Derecho es un instrumento del enemigo y de las clases dominantes y que no merece ser considerado. Chávez asume el reto jurídico-político de los postulados democrático-comunitarios del enciclopedismo rousseauniano, toda la aportación del ius-publicismo social europeo, la capacidad crítico-análitica del marxismo, el pensamiento socialista decimonónico civil-gremialista e incluso mitos del viejo liberalismo como el de la soberanía. Paralelamente asume todo el corpus generacional de derechos asignándole lógica de sistema. Con todo ello se configura un nuevo modelo constitucional que, por canales de puro institucionalismo democrático clásico y por una nueva institucionalización de estructuras de participación civil-popular transforme el tipo de Estado y sociedad. Tipología actual que es profundamente desigual, oligárquica y miserable y que, además, es uniforme en su modelo cultural de condicionamientos, roles y estereotipos. En definitiva, se configura un nuevo Derecho y se configura una profundización social-democrática a través de arquitecturas constitucionales e institucionales que habiliten dicho nuevo derecho. A esta hipótesis en construcción se le llama socialismo del siglo XXI, y no hay que permitir cínicos recelos con el término porque así se reivindicó todo el frustrado socialismo democrático del siglo XIX. Por eso ahora ellos tienen que desacreditar el modelo, porque ya no luchan contra puras y simples estrategias marxistas-leninistas, contra grupos o movimientos miméticos komintern sino contra estrategias muchos más sólidas de ocupación y transformación del poder. Luchan contra un planteamiento en el que el nuevo modelo constitucional marca con concreción la forma de expansión e institucionalización de una sociedad civil-popular participativa y de un Estado integralmente soberano. Un nuevo modelo constitucional mucho más democrático, ius-garantista, participativo y soberanista que el viejo modelo del liberalismo occidental. Por ello, no hablan del modelo ni intentan discutir el modelo, sólo intentan satirizar los comportamientos de los gobernantes que están próximos a él urdiendo todo tipo de informaciones inexactas, sesgadas o, simplemente, falsas. Saben que se está intentando profundizar en derechos civiles, políticos y sociales que estaban prácticamente inéditos hasta ahora. Por eso tiene que inventar permanentes comportamientos antidemocráticos aunque sea descontextualizando y desdibujando con toda la habilidad que su oficio les enseña. Y esa es y va a seguir siendo su estrategia. Lo que les puede resultar más difícil es articular golpes de Estado “legítimos” porque las fuerzas armadas no son tan monolíticas como hace 20 años y porque el movimiento popular es ya, en muchos países, difícilmente vencible. Y, en tercer lugar, porque los subsistemas geopolíticos y geoeconómicos ofrecen contrapesos mucho más complejos.

También usted ha señalado que algunos intelectuales, que suelen intervenir en El País o en medios de Prisa (Vargas Llosa y Villalobos, por ejemplo), hacen sus comentarios bajo el parapeto estratégico de condenar formalmente el golpe pero avalando el argumento del golpe. ¿Qué argumento avalan concretamente? En su opinión, ¿están convencidos de ello? ¿Están cegados políticamente? ¿No saben de qué hablan y agitan y agitan?


No dan argumentos jurídicos por sistema. Desde hace años trabajan con descalificaciones hechas con generalidades y con juicios políticos cuyos elementos extraen de las leyendas mediáticas que se han tejido sobre ellos. Determinados grandes medios de comunicación han fabricado estereotipos y matrices mediáticas que no hacen falta demostrarse. Y sobre ellas caminan. Y lo hacen bien sobre todo novelistas como Vargas Llosa que no hacen sino aplicar a la realidad política su profesión de fabulador profesional. Vargas Llosa no analiza la realidad política concreta de un mandatario sino que escribe Lafiesta del Chivo, la aplica, festivamente, a todo lo que le conviene y califica de idiota a capricho. Buena prueba de ello es su último artículo en El País (12 de julio) en donde tiene la desfachatez de acusar al Presidente Zelaya de todos lo males universales y de ser el golpista originario, con base a mentiras puras sobre el comportamiento institucional del Presidente. Ellos no ignoran ni están cegados políticamente, si acaso están cegados social y culturalmente. Ellos saben como son las oligarquías de sus países, qué situaciones han producido y siguen produciendo, como es la vida en sociedades desvertebradas y miserables. Quienes son los culpables. Lo saben y saben que hay que transitar a modelos de cambio, pero han sido seducidos por otros salones, por los salones de las oligarquías occidentales a los cuales no podrían acceder con discursos de cambio real. Y en los cuales no serían recibidos si no fueran radicales críticos de experiencias políticas que impugnan la existencia misma de todos esos salones. Han asumido un estatus social y un rol que les mimetiza con las oligarquías occidentales y les redime de tener que conformarse con los para ellos más chabacanos círculos sociales peruanos o salvadoreños. A cambio reciben becas exclusivas, programas de investigación, conferencias y cursos, galardones de todo tipo, recibimientos, condecoraciones…. Otros casos como el de Moisés Naím (Foreign Policy, National Endowement for Democracy)) son diferentes, son casos de clásicos técnicos del sistema que desde siempre han operado en espacios neurálgicos de poder y que están mucho mejor integrados en centros de inteligencia. Vargas Llosa o Villalobos son starlettes, mientras Naim es un alevoso miembro de los centros de inteligencia. Cada uno tiene su papel. A ellos se les puede aplicar lo ya dicho para los grandes grupos mediáticos: son víctimas de toda una lógica de cooptación e integración social en el sistema hegemónico. Si los grandes grupos mediáticos como El País han perdido toda su capacidad autopoietica esencial estos han perdido su personalidad, su independencia y se convierten en replicantes de los elementos del discurso del método de governanza. En definitiva, y recapitulando, ahí están todas las diferencias, todas las luchas y el sentido de toda una vida, en una opción: ser integrados e intercambiables o deliberantes y libres. Manuel Zelaya ha elegido esto último.
Profesor Palacios, ¿le parece bien que dediquemos esta entrevista a la ciudadanía hondureña resistente, a los ciudadanos y ciudadanas que no están dispuestos a transigir con la barbarie, el golpismo, la traición y la sinrazón?

Es lo justo. Ellos son los héroes.

Honduras, el pueblo no se rinde por el Golpe de Estado

Bloqueadas varias carreteras. “Zelaya vuelve, y al usurpador
Roberto Micheletti no le queda otro camino que el basural de la historia”, declaró Chávez

Mientras se mantiene un paro general, las organizaciones del Frente Nacional contra el Golpe de Estado de Honduras bloquearon este jueves carreteras claves del país para demandar el retorno del orden constitucional roto por la asonada en junio pasado. Muchos se concentraron en la carretera que comunica la capital con el norte y la costa del Caribe de la nación. Del otro lado de las fronteras con Guatemala, El Salvador y Nicaragua, miembros de la Alianza Social Continental anunciaron que bloquearán las rutas hacia este país en solidaridad con el pueblo hondureño.

Al mismo tiempo, miles de manifestantes en varios puntos de la nación exigieron también la salida del gobierno de facto y el retorno incondicional del presidente electo por el pueblo, Manuel Zelaya, señala PL.

El dirigente de los movimientos sociales hondureños, Luther Castillo, aseveró que la resistencia del pueblo "cada vez es más fuerte".
Respecto a la propuesta que realizó el presidente de facto de Honduras y promotor del golpe de Estado del pasado 28 de junio, Roberto Micheletti, de una posible renuncia pero con la condición de que Manuel Zelaya no regrese a la presidencia, el dirigente sindical precisó que "la posición de los movimientos sociales es que nosotros no negociamos el retorno de Zelaya".

También el diputado y candidato a la presidencia de Honduras por el partido de izquierda Unificación Democrática (UD), César Ham, regresó al país para incorporarse a la lucha contra el régimen golpista, informó la cadena multinacional Telesur.

Entretanto, hombres encapuchados allanaron la casa de Julio César Dubón Villeda, hermano de la ex magistrada de la Corte Suprema de Justicia, Sonia Marlina Dubón, esposa del ministro de la Presidencia de Zelaya, Enrique Flores Lanza. Durante el suceso los desconocidos penetraron en la residencia y maniataron y golpearon a sus víctimas, también se llevaron varios objetos del inmueble y el auto de Dubón Villeda.
La agresión ocurrió esta madrugada durante la vigencia del toque de queda, renovado el miércoles por el gobierno de facto alegando planes de grupos para generar violencia.

CHÁVEZ: ZELAYA VUELVE CON SU PUEBLO

"'Zelaya vuelve, y al usurpador Roberto Micheletti no le queda otro camino que el basural de la historia", declaró Chávez a la prensa a la entrada de una recepción ofrecida por el jefe de Estado boliviano, Evo Morales, en medio de las conmemoraciones del Bicentenario de la gesta liberadora.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, afirmó este jueves que su homólogo hondureño, Manuel Zelaya, volverá a su país para retomar el poder junto a su pueblo y rescatar el orden constitucional en esa nación, tras el golpe de Estado del 28 de junio.

El jefe de Estado subrayó que América Latina "ya comenzó a cambiar y que no hay vuelta atrás. Se acabó la era de los gorilas, ¡es la hora de los pueblos!", exclamó.
Igualmente, la canciller de Honduras, Patricia Rodas, demandó a EE.UU. en La Paz, Bolivia, medidas contundentes y definitivas para frenar el golpe perpetrado contra su país y el presidente constitucional Manuel Zelaya.

Rodas también denunció el saqueo de las arcas de su país por los golpistas criminales encabezados por Micheletti y anunció, de acuerdo a la AP, que Zelaya pretende instalar una sede alternativa de gobierno para poder, desde ahí, "dirigir lo que yo llamaría la batalla final contra los golpistas".

Lo que debe demandarse a Estados Unidos por el Golpe de Estado


La reunión de Costa Rica no conducía ni podía conducir a la paz. El pueblo de Honduras no está en guerra, solo los golpistas usan las armas contra él. A ellos habría que demandarles el cese de su guerra contra el pueblo. Tal reunión entre Zelaya y los golpistas solo serviría para desmoralizar al Presidente Constitucional y desgastar las energías del pueblo hondureño.

La opinión pública mundial conoce lo ocurrido en ese país a través de las imágenes difundidas por la televisión internacional, fundamentalmente Telesur, que sin perder un segundo transmitió fielmente cada uno de los hechos ocurridos en Honduras, los discursos pronunciados y los acuerdos unánimes de los organismos internacionales contra el golpe.

El mundo pudo apreciar los golpes que se descargaban sobre hombres y mujeres, los miles de gases lacrimógenos lanzados contra la multitud, los groseros gestos con armas de guerra y disparos para intimidar, herir o asesinar a ciudadanos.

Es absolutamente falsa la idea de que el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorens, ignorara o desalentara el golpe. Lo conocía, al igual que los asesores militares norteamericanos, que no cesaron un minuto de entrenar a las tropas hondureñas.
Hoy se conoce que la idea de promover una gestión de paz a partir de Costa Rica surgió en las oficinas del Departamento de Estado, para contribuir a la consolidación del golpe militar.

El golpe fue concebido y organizado por personajes inescrupulosos de la extrema derecha, que eran funcionarios de confianza de George W. Bush y habían sido promovidos por él.
Todos, sin excepción, tienen un grueso expediente de actividades contra Cuba. Hugo Llorens, embajador en Honduras desde mediados del 2008, es cubano americano.

Forma parte del grupo de agresivos embajadores de Estados Unidos en Centroamérica, constituido por Robert Blau, embajador en El Salvador; Stephen McFarland, en Guatemala, y Robert Callahan, en Nicaragua, nombrados todos por Bush en los meses de julio y agosto del 2008.

Los cuatro siguen la línea de Otto Reich y John Negroponte, que junto a Oliver North fueron responsables de la guerra sucia contra Nicaragua y de los escuadrones de la muerte en Centroamérica, que costaron a los pueblos de la región decenas de miles de vidas.
Negroponte fue representante de Bush en las Naciones Unidas, Zar de la inteligencia norteamericana, y finalmente subsecretario de Estado. Tanto él como Otto Reich, por diversas vías, estuvieron detrás del golpe de Honduras.
La base de Soto Cano en ese país, sede de la "Fuerza de Tarea Conjunta Bravo" perteneciente a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, es el punto de apoyo principal del golpe de Estado en Honduras.

Estados Unidos tiene el tenebroso plan de crear cinco bases militares más alrededor de Venezuela, con el pretexto de sustituir la de Manta en Ecuador.
La disparatada aventura del golpe de Estado en Honduras ha creado una situación realmente complicada en Centroamérica que no se resuelve con trampas, engaños y mentiras.

Cada día se conocen nuevos detalles de la implicación de Estados Unidos en esa acción, que tendrá también seria repercusión en toda América Latina.
La idea de una iniciativa de paz a partir de Costa Rica fue transmitida al Presidente de ese país desde el Departamento de Estado cuando Obama estaba en Moscú y declaraba, en una universidad rusa, que el único Presidente de Honduras era Manuel Zelaya.

Los golpistas estaban en apuros. La iniciativa transmitida a Costa Rica buscaba el objetivo de salvarlos. Es obvio que cada día de retraso tiene un costo para el Presidente Constitucional y tiende a diluir el extraordinario apoyo internacional que ha recibido. La maniobra yanki no incrementa las posibilidades de paz, sino todo lo contrario, las disminuye, y el peligro de violencia crece, ya que los pueblos de nuestra América no se resignarán jamás al destino que les tienen programado.

Con la reunión de Costa Rica se cuestiona la autoridad de la ONU, la OEA y demás instituciones que comprometieron su apoyo al pueblo de Honduras.
Cuando Micheletti, Presidente de facto, proclamó ayer que está dispuesto a renunciar a su cargo si Zelaya renunciaba, sabía ya que el Departamento de Estado y los militares golpistas habían acordado sustituirlo y enviarlo de nuevo al Congreso como parte de la maniobra.

Lo único correcto en este momento es demandar del gobierno de Estados Unidos que cese su intervención, deje de prestar apoyo militar a los golpistas y retire de Honduras su Fuerza de Tarea.
Lo que se pretende exigir al pueblo de Honduras en nombre de la paz, es la negación de todos los principios por los cuales lucharon todas las naciones de este hemisferio.
"El respeto al derecho ajeno es la paz", dijo Juárez.

lunes, 6 de julio de 2009

Herramientas que utilizan los políticos para oprimir (Manipulación II-parte)

La manipulación es también un instrumento de conquista. A través de la manipulación, la s élites dominadoras intentan conformar progresivamente las masas a sus objetivos.


Y cuanto más inmaduras sean, políticamente, rurales o urbanas, tanto más fácilmente se dejan manipular por las élites dominadoras que no pueden desear el fin de su poder y de su dominación.


La manipulación se hace a través de toda la serie de mitos a que hicimos referencia. Entre ellos, uno más de especial importancia: el modelo que la burguesía hace de sí misma y presenta a las masas como su posibilidad de ascenso, instaurando la convicción de una supuesta movilidad social.


Movilidad que solo se hace posible en la medida en que las masas acepten los preceptos impuestos por la burguesía.


Muchas veces esta manipulación, en ciertas condiciones históricas especiales, se da por medio de pactos entre las clases dominantes y las masas dominadas. Pactos que podrían dar la impresión en una apreciación ingenua, la de la existencia del diálogo entre ellas. En verdad, estos pactos no son dialógicos, ya que, en lo profundo de su objetivo, está inscrito el interés inequívoco de la élite dominadora.


Los pactos, en última instancia, son sólo medios utilizados por los dominadores para la realización de sus finalidades.


El apoyo de las masas populares a la llamada “burguesía nacional”, para la defensa del dudoso capital nacional, es uno de los pactos cuyos resultado, tarde o temprano contribuye al aplastamiento de las masas.


Los pactos sólo se dan cuando las masas, aunque ingenuamente, emergen en el proceso histórico y con su emersión amenazan a las élites dominantes. Basta su presencia en el proceso, no ya como meros espectadores, sino con las primeras señales de su agresividad, para que las élites dominadoras, atemorizadas por esta presencia molesta, dupliquen las tácticas de manipulación.


La manipulación se impone en estas fases como instrumento fundamental para el mantenimiento de la dominación.


Antes de la emersión de las masas, no existe la manipulación propiamente tal, sino el aplastamiento total de los dominados. La manipulación es innecesaria al encontrarse los dominados en un estado de inmersión casi absoluto.


Ésta, en el momento de la emersión y en el contexto de la teoría antidialógica, es la respuesta que el opresor se ve obligado a dar frente a las nuevas condiciones concretas del proceso histórico.


La manipulación aparece como una necesidad imperiosa de las élites dominadoras con el objetivo de conseguir a través de ella un tipo inauténtico de “organización”, con la cual llegue a evitar su contrario, que es la verdadera organización de las masas populares emersas y en emersión.


Éstas, inquietas al emerger, presentan dos posibilidades: o son manipuladas por las élites a fin de mantener su dominación, o se organizan verdaderamente para lograr su liberación. Es obvia, entonces, que la verdadera organización no puede ser estimulada por los dominadores. Ésta es tarea del liderazgo revolucionario.


Ocurre, sin embargo, que grandes fracciones de estas masas populares, fracciones que constituyen, ahora, un proletariado urbano, sobre todo en aquellos centros industrializados del país, aunque revelando cierta inquietud amenazadora carente de conciencia revolucionaria, se ven a sí mismas como privilegiadas.


La manipulación, con toda su serie de engaños y promesas, encuentran ahí, casi siempre, un terreno fecundo.
El antídoto para esta manipulación se encuentra en la organización críticamente consciente, cuyo punto de partida, por esta misma razón, no es el mero depósito de contenidos revolucionarios, en las masas, sino la problematización de su posición en el proceso.


En la problematización de la realidad nacional y de la propia manipulación.
Toda política de izquierda se apoya en las masas populares y depende de su conciencia. Si viene a confundirla, perderá sus raíces, quedará en el aire en la expectativa de la caída inevitable, aun cuando pueda tener, como en el caso hondureño, la ilusión de hacer revolución por el simple hecho de girar en torno al poder.


Lo que pasa es que, en el proceso de manipulación, casi siempre la izquierda se siente atraída por “girar en torno al poder” y, olvidando su encuentro con las masas para el esfuerzo de organización, se pierde un “dialogo” imposible con las élites dominantes. De ahí que también terminen manipuladas por estas élites, cayendo, frecuentemente, en un mero juego de capillas, que denominan “realista”.


La manipulación, en la teoría de la acción antidialógica, como la conquista a que sirve, tiene que anestesiar a las masas con el objeto de que estas no piensen.
Si las masas asocian a su emersión, o a su presencia en el proceso histórico, un pensar crítico sobre éste o sobre su realidad, su amenaza se concreta en la revolución.
Este pensamiento, llámaselo correcto, de “conciencia revolucionaria” o de “conciencia de clase”, es indispensable para la revolución.


Las élites dominadoras saben esto tan perfectamente que, en ciertos niveles suyos, utilizan instintivamente los medios más variados, incluyendo la violencia física, para prohibir a las masas a pensar.


Poseen una profunda intuición sobre la fuerza criticizante del diálogo. En tanto que, para algunos representantes del liderazgo revolucionario, el diálogo con las masas es un quehacer burgués y reaccionario, para los burgueses, el diálogo entre las masas y el liderazgo revolucionario es una amenaza real que debe ser evitada.


Insistiendo las élites dominadoras en la manipulación, inculcan progresivamente en los individuos el apetito burgués por el éxito personal.
Manipulación que se hace ora directamente por las élites, ora a través de liderazgos populistas.


Estos liderazgos, son mediadores de las relaciones entre las élites oligárquicas y las masas populares. De ahí que bel populismo se constituya como estilo de acción política, en el momento en que se instala el proceso de emersión de las masas, a partir del cual ellas pasan a reivindicar, todavía en forma ingenua, su participación; el líder populista, que emerge en este proceso, es también un se ambiguo.


Dado que oscila entre las masas y las oligarquías dominantes, aparece como un anfibio. Vive tanto en la “tierra” como en el “agua”. Su permanencia entre las oligarquías dominadoras y las masas le deja huellas ineludibles. Como tal, en la medida en que simplemente manipula en vez de luchar por la verdadera organización popular, este tipo de líder sirve poco o casi nada a la causa revolucionaria.


Sólo cuando el líder populista supera su carácter ambiguo y la naturaleza dual de la acción, optando decididamente por las masas, deja de ser populista y renuncia a la manipulación entregándose al trabajo revolucionario de organización. En este momento, en lugar de mediador entre las masas y las élites, se transforma en contradicción de estás, impulsando a las élites a organizarse a fin de frenarlo en la forma más rápida posible.


En tanto la acción del líder en el dominio de las formas paternalistas y de extensión asistencialista, sólo pueden existir divergencias accidentales entre él y los grupos oligárquicos heridos en sus intereses, pero difícilmente podrán existir diferencias profundas.


Lo que pasa es que estas formas asistencialistas, como instrumento de manipulación, sirven a la conquista. Funcionan como anestésico. Distraen a las masas populares desviándolas de las verdaderas causas de sus problemas, así como de la solución concreta de éstos. Fraccionan a las masas populares en grupos de individuos cuya única expectativa es la de “recibir” más.


Sin embargo, existe en esta existencialización manipuladora un momento de positividad, cual es el que los individuos asistidos desean, indefinidamente, más y más, y los no asistidos, frente al ejemplo de los que lo son, buscan la forma de ser igualmente asistidos.


Teniendo en cuanta que las élites dominadoras no pueden dar ayuda a todos, terminan por aumentar en mayor grado la inquietud de las masas.


El liderazgo revolucionario debería aprovechar la contradicción planteada por la manipulación, problematizándola a las masas populares a fin de lograr el objetivo de la organización
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Herramientas que utilizan los políticos para oprimir (Dividir para Oprimir I-parte)





En la medida que las minorías, sometiendo a su dominio a las mayorías, las oprimen, dividirlas y mantenerlas divididas son condiciones indispensables para la continuidad de su poder.


No pueden darse el lujo de aceptar la unificación de las masas populares, la cual significaría, indiscutiblemente, una amenaza seria para su hegemonía.


De ahí que toda acción pueda, aunque débilmente, proporcionar a las clases oprimidas el despertar para su unificación es frenada inmediatamente por los opresores a través de métodos que incluso pueden llegar a ser físicamente violentos.
Conceptos como los de unión, organización y lucha, son calificados sin demora como peligros. Y realmente lo son, para los opresores, ya que su “puesta en práctica” es un factor indispensable para el desarrollo de una acción liberadora.


Lo que interesa al poder opresor es el máximo debilitamiento de los oprimidos, procediendo para ello a aislarlos, creando y profundizando divisiones a través de una gama variada de métodos y procedimientos. Desde los métodos represivos de la burocracia estatal, de la cual disponen libremente, hasta las formas de acción cultural a través de las cuales manipulan a las masas populares, haciéndolas creer que las ayudan.


Una de las características de estas formas de acción, que ni siquiera perciben los profesionales serios, que como ingenuos se dejan envolver, radica en el hincapié que se pone en la visión focalista de los problemas y no en tanto dimensiones de una totalidad.


Cuanto más se pulverice la totalidad de una región o de un área en “comunidades locales”, en los trabajos de “desarrollo de comunidad”, sin que estas comunidades sean estudiadas como totalidades en sí, siendo a las vez parcialidades de una totalidad mayor (área, región, etc.) que es a su vez parcialidad de otra totalidad (el país, como parcialidad de la totalidad continental), tanto más se intensifica la alineación. Y, cuanto más alineados, más fácil será dividirlos y mantenerlos divididos.


Estas formas focalista de acción, intensificando la dimensión focalista en que se desarrolla la existencia de las masas oprimidas, sobre todo rurales, dificultan su percepción crítica de la realidad y las mantienen aisladas de la problemática de los hombres oprimidos de otras áreas que están en relación dialéctica con la suya.


Lo mismo se verifica en el proceso denominado “capacitación de líderes”, que, aunque realizado sin esta intención por muchos de los que lo llevan a cabo, sirve en el fondo, a la alineación.


El supuesto básico de esta acción es en sí mismo ingenuo. Se sustenta en la pretensión de “promover” la comunidad a través de la capacitación de líderes, como si fueran las partes las que promueven el todo y no éste el que, al promoverse, promueve las partes. En verdad, quienes son considerados a nivel de liderazgo en las comunidades, a fin de que respondan a la denominación de tal, reflejan y expresan necesariamente las aspiraciones de los individuos de su comunidad.


Éstos deben presentar una correspondencia entre la forma de ser y de pensar la realidad de sus compañeros, aunque revelen habilidades especiales, que les otorguen el status de líderes.


En el momento en que vuelven a la comunidad, después de un período fuera de ella, con un instrumental que antes no poseían, o utilizan éste con el fin de conducir mejor a las conciencias dominadas e inmersas, o se transforman en extraños a la comunidad, amenazando sí su liderazgo.


Probablemente, su tendencia será la de seguir manipulando, ahora en forma más eficiente, la comunidad a fin de no perder el liderato.


Esto no ocurre cuando la acción cultural, como proceso totalizado y totalizador, envuelve a toda la comunidad y no sólo a sus líderes. Cuando se realiza a través de los individuos, teniendo en éstos a los sujetos del proceso totalizador. En este tipo de acción, se verifica exactamente lo contario. El liderazgo, o crece a nivel del crecimiento del todo o es sustituido por nuevos líderes que emergen, en base a una nueva percepción social que van constituyendo conjuntamente.


De ahí que a los opresores no les interese esta forma de acción, sino la primera, en tanto esta última, manteniendo la alineación, obstaculiza la emersión de las conciencias y su participación crítica en la realidad entendida como una totalidad. Y, sin ésta, la unidad de los oprimidos en tanto clase es siempre difícil.


Éste es otro concepto que molesta a los opresores, aunque consideren a sí mismos como clase, si bien “no opresora”, sino clase “productora”.
Así, al no poder negar en sus conflictos, aunque lo intenten, la existencia de las clases sociales, en relación dialéctica las unas con las otras, hablan de la necesidad de comprensión, de armonía, entre los que compran y aquellos a quienes se obliga a vender su trabajo. Armonía que en el fondo es imposible, dado el antagonismo indisfrazable existente entre una clase y otra.


Defienden la armonía de clases como si éstas fuesen conglomerados fortuitos de individuos que miran, curiosos, una vitrina en una tarde de domingo.
La única armonía viable y comprobada es la de los opresores entre sí. Éstos, aunque divergiendo e incluso, en ciertas ocasiones, luchando por intereses de grupos, se unifican, inmediatamente, frente a una amenaza a su clase en cuanto tal.


De la misma forma, la armonía del otro polo sólo es posible entre sus miembros tras la búsqueda de su liberación. En casos excepcionales, so sólo es posible sino necesario establecer la armonía de ambos para volver, una vez superada la emergencia que los unificó, a la contradicción que los delimita y que jamás desapareció en el circunstancial desarrollo de la unión.


La necesidad de dividir para facilitar el mantenimiento del estado opresor se manifiesta en todas las acciones de las clases dominadoras. Su intervención en los sindicatos, favoreciendo a ciertos “representantes” de la clase dominada que, en el fondo, son sus representantes y no los de sus compañeros; la “promoción” de individuos que revelando cierto poder de liderazgo pueden representar una amenaza, individuos que una vez “promovidos” se “amansan”; la distribución de bendiciones para unos y la dureza para otros, son todas formas de dividir para mantener el “orden” que les interesa.


Formas de acción que inciden, directa o indirectamente, sobre alguno de los puntos débiles de los oprimidos: su inseguridad vital, la que, a su vez, es fruto de la realidad opresora en la que se constituyen.


Inseguros en su dualidad de seres que “alojan” al opresor, por un lado, rechazándolo, por otro, atraídos a la vez por él, en cierto momento de la confrontación entre ambos, es fácil desde el punto de vista del opresor obtener resultados positivos de su acción divisoria.


Y esto porque los oprimidos saben, por experiencia, cuánto les cuesta no aceptar la “invitación” que reciben para evitar que se unan entre sí. La pérdida del empleo y la puesta de sus nombres en “lista negra” son hechos que significan puertas que se cierran ante nuevas posibilidades de empleo, siendo esto lo mínimo que les puede ocurrir.


Por esto mismo, su inseguridad vital se encuentra directamente vinculada a la esclavitud del trabajo, que implica verdaderamente la esclavitud de su persona. Es así como sólo en la medida en que los hombres crean su mundo, mundo que es humano, y lo crean con su trabajo transformador, se realizan.


La realización de los hombres, en tanto tales, radica pues, en la construcción de este mundo. Así, si su “estar” en el mundo del trabajo es un estar en total dependencia, inseguro, bajo una amenaza permanente, en tanto su trabajo no les pertenece, no pueden realizarse. El trabajo alineado deja de se un quehacer realizador de la persona, y pasa a ser un eficaz medio de reificación.


Toda unión de los oprimidos entre sí, que siendo acción apunta a otras acciones, implica tarde o temprano que al percibir éstos su estado de despersonalización, descubran que, en tanto divididos, serán siempre presas fáciles del dirigismo y la dominación.


Por el contrario, unificados y organizados, harán de su debilidad una fuerza transformadora, con la cual podrán recrear el mundo, haciéndolo más humano.
Por otra parte, este mundo más humano de sus justas aspiraciones es la contradicción antagónica del “mundo humano” de los opresores, mundo que poseen con derecho exclusivo y en el cual pretenden una armonía imposible entre ellos que cosifican, y los oprimidos que son cosificados.


Como antagónicos que son, lo que necesariamente sirve a unos no puede servir a los otros.
El dividir para mantener el statu quo se impone, pues, como un objetivo fundamental de la teoría de la acción dominadora antidialógica.


Como un auxiliar de esta acción divisionista encontramos en ella cierta connotación mesiánica, por medio de la cual los dominadores pretenden aparecer como salvadores de los hombres a quienes deshumanizan.


Sin embargo, en el fondo el mesianismo contenido en su acción no consigue esconder sus intenciones; lo que desean realmente es salvarse a sí mismos. Es la salvación de sus riquezas, su poder, su estilo de vida, con los cuales aplastan a los demás.
Su equívoco radica en que nadie se salva solo, cualquiera sea el plano en que se encare la salvación o como clase que oprime sino con los otros.


En la medida en que oprimen, no pueden estar con los oprimidos, ya que es lo propio de la opresión estar contra ellos. En una aproximación psicoanalítica a la acción opresora quizá se pudiera descubrir lo que denominamos como falsa generosidad del opresor en el primer capítulo, una de las dimensiones de su sentimiento de culpa. Con esta falsa generosidad, además de pretender seguir manteniendo un orden injusto y necrófilo, desea “comprar” su paz.


Ocurre, sin embargo, que la paz no se compra, la paz se vive en el acto realmente solidario y amoroso, que no puede ser asumido, ni puede encarnarse en la opresión.
Por eso mismo es por lo que el mesianismo existente en la teoría de la acción antidialógica viene a reforzar la primera característica de esta acción, la del sentido de la conquista.


En la medida en que la división de las masas oprimidas es necesaria al mantenimiento del statu quo, y, por tanto, a la preservación del poder de los dominadores, urge el que los oprimidos no perciban claramente sus reglas del juego. Ene este sentido, una vez más, es imperiosa la conquista para que los oprimidos se convenzan, realmente que están siendo defendidos. Defendidos contra la acción demoniaca de los “marginales” y agitadores”, “enemigos de Dios”, puesto que así se llama a los hombres que viven y vivirán, arriesgadamente, en la búsqueda valiente de la liberación de los hombres.


De esta manera, con el fin de dividir, los necrófilos se denominan a sí mismo biófilos y llaman, a los biófilos, necrófilos. La historia, sin embargo, se encarga siempre de rehacer estas autoclasificaciones.
Los héroes son exactamente quienes ayer buscaron la unión para la liberación y no aquellos que, con su poder, pretendían dividir para reinar.

jueves, 2 de julio de 2009

Análisis de la situación política de América Latina

Sin duda en América Latina se está dando un proceso de transformación de la cultura política a la par de la erosión de los conceptos tradicionales de la teoría política, es decir, el agotamiento del modelo económico basado en la intervención del Estado, así como la disolución político- institucional de una sociedad que se erigió sobre los cimientos estructurales del modelo anterior.



De manera que la situación actual se distingue del pasado inmediato por la redefinición de espacios, intereses y demandas de los sujetos sociales, así como por el desmantelamiento de las bases fundacionales, jurídicas y sociales de la sociedad tradicional.


Se observa, no sin cierta preocupación, la descomposición de la sociedad y de sus redes sociales no basadas en relaciones de clase, e irrumpen el caos, el riesgo y la incertidumbre como los nuevos problemas políticos de fin de siglo. Frente a la diferencia de clases surgen la diferencia individual y las nuevas identidades organizacionales.


Por otra parte, el modelo neoliberal, basado en la racionalidad del futuro, busca apropiarse de la transición, de la postmodernidad, y también del discurso. En medio de toda esta situación las tendencias de izquierda, de centro y derecha van perdiendo paulatinamente su significado.
El agotamiento de los recursos institucionales, proyectuales e ideológicos favorece la pretensión neoliberal, toda vez que los actores no tienen las mismas posibilidades o alternativas, ni los mismos horizontes temporales, menos aún las mismas capacidades estratégicas que en el pasado.




En el mismo sentido, la ruptura del orden interno de los partidos políticos, la modificación de la relación gobierno-sociedad, y la ausencia de factores que cohesionen y unifiquen a la sociedad acentúan la lucha política por la conducción y orientación de la modernidad y la construcción del orden del futuro.


Lo mismo se observa en las distintas modalidades que han adquirido el proceso de reforma del Estado en algunos países de América Latina; incorporada en al agenda del debate público, ha generado el surgimiento de distintas perspectivas a partir de las cuales se anuncian sus alcances y su profundidad. Asimismo, provoca resistencias y constituye, por sí misma, un factor que acentúa las tensiones y los conflictos generados por la modernización económica.



La movilización de actores sociales, la exigencia de redefinición de los procesos de decisión entorno a la política económica y de cambios por parte de los participantes en ese proceso, con el consecuente debilitamiento de la noción de lo público que favorece la nueva orientación de la privatización de la sociedad y de las organizaciones públicas, son algunas de esas tensiones.
Planteando en estos términos, el tema de la reforma del Estado es central y prioritario pues tiene que ver con la esencia misma del Estado, con su estructura, su modo de funcionamiento, así como con la democratización del sistema político.



Entonces, no se trata solamente de pedirle al funcionamiento estatal mayor eficiencia y mejoramiento gerencial, ni tampoco una simple modificación de la red institucional que lo acompaño hasta el presente. Las reformas no se dan en un medio vacío; ocurren y están condicionadas por su medio específico: el institucional. Hablamos de modificación y el redimensionamiento de la renovación de sus mecanismos de representación, y de la descentralización y adecuación de sus funciones y estructura organizativa a lo que requiere el modelo vigente.


Por otra parte, la reforma estatal tiene como punto de partida la crisis del Estado. La triple dimensión de esta crisis: La del Estado-nación como forma política, como espacio político nacional, y la crisis de gobernabilidad. Lo anterior implica aceptar la pérdida de la capacidad del Estado nacional, el desvanecimiento de la soberanía y la absolencia de una forma de Estado como agente del desarrollo económico. Dicho de otra manera, las formas históricas y tradicionales del Estado han entrado en crisis y la modernización estatal, en los hechos significa la separación y la ruptura con la red institucional, con la vieja estructura de poder que la definió, y la construcción futura de democracia a través de las diversas funciones del Estado. Así, la reforma se convierte en un desafío fundamental para enfrentar el siglo XXI.


El modelo neoliberal plantea, tanto en la teoría como en la práctica, el desmantelamiento del Estado para transitar hacia la reorientación y significación de sus funciones en los niveles económico, político y social, con lo que se busca construir una nueva matriz sociopolítica en el contexto de la globalización y apertura que se dan en el mundo contemporáneo.


A nivel teórico, el proceso de transformación de la cultura política tiene una gran importancia en el debate actual. La reflexión teórica se refiere a ese proceso, acentuando la atención en la transición y en los problemas derivados de ella. Es así como la transición es entendida como el intervalo que se extiende entre un régimen político y otro, limitado por el inicio del proceso de disolución del régimen anterior y por el establecimiento de alguna reforma de democracia.
La transición provoca el desnudamiento de la sociedad, el desbordamiento de los límites del sistema y la liberación de las fuerzas sociales y políticas. En estas circunstancias la nueva razón del mercado y la necesidad estatal significa la recomposición de los viejos actores y su transformación en nuevos a través de la despolitización de las relaciones sociales.




En esta perspectiva se asiste al surgimiento de una nueva relación social basada en el mercado, que no es posible explicar ni por la lógica de la comunicación argumentativa ni por el análisis funcional de sistemas. Así, el nuevo vínculo social es extraído del plano cultural y de las instituciones, para ser restaurado en el espacio del mercado.
En el pasado la discusión teórica en América Latina respecto de las relaciones sociales y políticas ha estado asociada al paso de las sociedades tradicionales a las modernas. En las sociedades tradicionales las relaciones sociales se encuentran fundadas prerreflexivamente en las experiencias originarias de la sociabilidad. Por el contrario, las sociedades modernas se caracterizan por el intento de instaurar reflexivamente las relaciones sociales de acuerdo con modelos racionalmente formulados.



En este sentido, el orden social moderno se instaura como ruptura con toda tradición y descansa en relaciones institucionalmente garantizadas, siendo las instituciones las portadoras de los principios racionales que han de gobernar la vida social.
La peculiar situación de las sociedades latinoamericanas de los años cincuenta y sesenta es caracterizada por el tránsito desde el primero al segundo tipo de orden social.


La concepción desarrollista en América Latina experimenta una evolución que se caracteriza en tres etapas:
1.- el arribo de las sociologías estadounidenses de posguerra de carácter totalizante en que el esfuerzo modernizador se concentra en la aplicación del “método científico” en todas aquellas áreas de la convivencia social con el objeto de maximizar las posibilidades de crecimiento económico, la calidad de vida o la organización en torno a las decisiones relevantes.



2.- La aparición de la “sociología comprometida”, que trata de reconciliar las élites intelectuales con los intereses reales de las masas. El resultado no es, sin embargo, el esperado, sino un diálogo de mutuo reforzamiento entre las élites políticas y las tecnológicas tecnocráticas. “O sea, otra vez despotismo ilustrado, con el agravante ahora del impulso incontenible de la creciente politización en toda discusión y de la radicalización y oratoria de toda propuesta de cambio.”


3.- La preeminencia de la economía, que es vista como la única ciencia social que ha desarrollado el instrumental necesario para enfrentar eficientemente el problema del desarrollo. “El desarrollo es visto esencialmente como un problema de asignación eficiente de recursos económicos y quien mejor puede hacerlo de manera objetiva y sin distorsiones es el mercado como mecanismos autorregulación del equilibrio global de la sociedad.”


Desde esta perspectiva, la posmodernidad acrecienta la complejidad de las sociedades, lo que hace imposible que el vínculo social descanse sólo en las formas tradicionales de la sociabilidad o en la racionalidad institucional.
Por lo tanto, una característica peculiar de las sociedades contemporáneas la constituyen los procesos de internacionalización y monetarización. Éstos no se deben entender como una nueva ideología, sino como un proceso de diferenciación de las estructuras sociales que permite y crea las condiciones para el surgimiento de un subsistema económico articulado monetariamente y que reclama autonomía frente a los otros subsistemas sociales.


En términos sociológicos, la internacionalización y la monetarización implican una ruptura de la primacía de lo política como ámbito reflexivo de la totalidad social. Lo que significa que al adelgazarse la política surge una forma social nueva que carece de centro, es decir, de una sociedad que pueda representar a la sociedad y desde la cual se puede observar e intervenir sobre todos los procesos.


La política en esas circunstancias ya no se expresa como síntesis de la sociedad, toda vez que desaparece toda relación causal de orden clasista. Así, la economía en adelante deberá explicarse a partir de su propia racionalidad y no desde el ámbito de la política.
Se trata en el fondo de despolitizar la esfera estatal, evitando la sobre ideologización y desbordamiento de Estado por la política. De manera que el desdibuja miento de la política se transforma en “virtual electoral”, dando lugar al análisis de otros problemas tales como la incertidumbre, el caos, el riesgo y el desorden. Por lo mismo, hoy se plantea: no más política social desde la demanda, sino desde la oferta, y focalización en remplazo de la universalidad de los problemas sociales.



Da la impresión de que las sociedades contemporáneas en la cuales se desarrolla la ruptura se hallan entrampadas por nuevos factores perturbadores y de estrangulamiento político-económico internos y externos, provocando situaciones bastantes particulares o específicas, que alteran el tiempo gubernamental o cronológico, dando lugar al surgimiento de un “nuevo tiempo político”.
Irrumpe globalmente el auge de la democracia, que corre paralelamente al fracaso del Estado intervencionista y de un modelo económico apoyado en el Estado.

¿Es necesaria la reforma total de la constitución hondureña?


I. Definitivamente no es necesaria ni se justifica la reforma total de la Constitución. Mencionaremos en forma sucinta sólo algunas razones a manera de ejemplo.

1.- El núcleo de principios y fines fundamentales del Art. 1 de la Constitución continúa teniendo plena vigencia dogmático-formal, cuya positivación se vuelve imperativa para la propia sociedad políticamente organizada (Estado soberano, Constituido como República libre, democrática e independiente para asegurar a sus habitantes el goce de la justicia, la libertad, la cultura y el bienestar económico y social entre otros), los que todavía no se han efectivizado para beneficio de las mayorías del pueblo, por lo que no tiene sentido cambiarlos por otros, cuando sólo han transcurrido 25 años de vigencia del actual texto constitucional.

2.- La filosofía del justanaturalismo personalista, en que se inspira el texto constitucional, no hay motivo alguno para modificarlo, puesto que esa filosofía coloca la persona humana como el fin supremo de la sociedad y del Estado.

3.- El catálogo de derechos individuales y sociales es el más amplio que se ha tenido en toda nuestra vida constitucional.

4.- Los principios de la soberanía nacional, división de poderes, equilibrio reciproco de estos, el de las competencias expresas de los órganos del estado, el de la supremacía constitucional y otros, que informan la Constitución, son garantía de democracia, justicia, paz y desarrollo de la sociedad y de equilibrio y racionalización del poder político.

5.-La forma de Estado de Derecho, democrático liberal; la forma de gobierno republicano, democrático y representativo y el sistema de gobierno presidencialista, tradicionalmente han venido funcionando sin problemas, por lo que considero sería un despropósito, por ejemplo, la idea de cambiar el sistema presidencialista que adoptamos de la Constitución de Estados Unidos de América, por el sistema parlamentario predominante en Europa. Los países de América Latina tienen la figura del Presidente.

6.- Los contenidos inmodificables no han sido obstáculos para el desarrollo del Estado ni de la sociedad de Honduras; por el contrario, su presencia ha permitido conjurar, muchos riesgos y peligros políticos que hubieran conducido al país a situaciones lamentables y hasta caóticas.

7.-Estamos de acuerdo con aquellos que opinan que hay necesidad de actualizar y perfeccionar el texto constitucional, pero bastaría con introducir los cambios necesarios y convenientes por medio de reformas parciales, profundas, meditadas y progresistas que signifiquen un verdadero avance constitucional, no como hasta ahora se ha hecho, que han sido reformas coyunturales, superficiales e inapropiadas en su mayoría.

II. Algunos contenidos que podrían introducirse en la Constitución para perfeccionarla y actualizarla por medio de reformas parciales oportunas y bien meditadas, podrían ser las siguientes:

1.- Introducción de los llamados derechos de la tercera y cuarta generación (derecho al medio ambiente sano, combate a la pobreza, participación ciudadana efectiva, desarrollo de los pueblos, derecho a la paz, a la libre determinación de los pueblos, etc.).


2.- Institución del Tribunal Constitucional, independiente y separado del Poder Judicial.


3.- Ampliar los alcances y armonizar las disposiciones sustantivas de la inconstitucionalidad que figuran en los Art. 184 y 185 con las disposiciones adjetivas contenidas en el Art. 316, penúltimo párrafo de la reforma del Poder Judicial; y asimismo, con las disposiciones de la Ley sobre Justicia Constitucional relacionadas con dicho recurso.


4.- Instituir la figura del “Defensor de la Constitución”.


5.- Introducir nuevos mecanismos de democracia directa, como la iniciativa popular y el veto popular.


6.- Introducir la figura de la “Inconstitucionalidad por Omisión”.


7.- Otros que sean convenientes y necesarios para fortalecer la democracia, la participación ciudadana y el progreso nacional.